Las elecciones a Corporaciones Públicas moviliza las llamadas clientelas de los partidos enquistados en el poder, es decir, es el voto de los círculos que funcionan alrededor de políticos que disponen del beneplácito del ejecutivo para ofrecer puestos en la Administración Pública o contratos de diferente naturaleza con el erario a sus diferentes niveles y el voto de los sectores más pobres que el día de las elecciones urgidos de resolver necesidades apremiantes canjean su voluntad por cualquier prebenda pagada con recursos provenientes de las defraudaciones al Estado; quienes ejercen la oposición fundamentalmente logran acceder a las curules gracias al apoyo de lo que se conoce como el voto de opinión, ciudadanos al margen de las canonjías o angustias de otros y que de manera independiente deciden su sufragio.
Las masivas movilizaciones que en el último año han protagonizado los campesinos, los estudiantes, los educadores, los mineros tradicionales, la rama judicial y los trabajadores de la salud junto a los usuarios del sistema, así como diferentes sectores sindicalizados y empresarios afectados por los TLC, muestran un ambiente de creciente inconformidad entre los Colombianos alrededor de quienes los mal gobiernan y reciente encuesta promovida por el diario el Espectador registra una tendencia importante de intención del voto en blanco en las elecciones presidenciales.
En ese panorama, movidos por buenas intenciones, desde diferentes orillas grupos de ciudadanos se han dado a la tarea de promover el voto en blanco en las elecciones al congreso con el argumento de que así se “impide el acceso al poder de individuos indignos, corruptos e irresponsables” y para “invalidar las elecciones y abrir otras perspectivas como una Asamblea Nacional Constituyente”, lamentablemente sus esfuerzos terminarán afianzando la presencia de la coalición gobernante pues la inconformidad que pretenden canalizar se sustraería de apoyar a quienes han ejercido de manera responsable y coherente la crítica y la oposición a las políticas imperantes sin tocar las caudas amarradas de los voceros de la manguala nacional; en el evento de una segunda elección al Congreso los únicos que podrían presentarse serían los partidos que crucen el umbral, lo que se pretende impedir a los partidos minoritarios con el aumento del 2 al 3%; y la utilidad de una Constituyente no es segura, basta con examinar los resultados de la del 91 que produjo una Constitución para afianzar el modelo Neoliberal, el camino es derrotar en las urnas a los candidatos del establecimiento votando por quienes han probado su compromiso con la Nación.