Es evidente que el interés de las clases en el poder es, cada vez más, diferente de los intereses de la mayoría de la sociedad. La apuesta de desarrollar el país sobre la base de dar privilegios exorbitantes a los grandes monopolios y al sector ridículamente minoritario de los más ricos, está sostenido en el prurito falaz de que al crear riqueza y grandes empresas se crea el trabajo que necesitan los colombianos, que ha terminado por generar una de las sociedades más inequitativas del mundo. Las cargas económicas se reparten de manera tan desigual que, por ejemplo, los que se enriquecen con los privilegios son los que proporcionalmente menos pagan impuestos, mientras los que menos ganan, los pequeños y medianos empresarios de la ciudad y el campo, y los trabajadores asalariados, y los independientes con menores ingresos, son los que cargan con el mayor peso de la tributación. Esa es la gran conclusión a que están llegando analistas de las distintas tendencias políticas y visiones económicas, frente a la propuesta de reforma tributaria que el gobierno de Juan Manuel Santos ha presentado al congreso nacional.

Esta separación radical entre los intereses de las élites y el resto de la población, es según Jared Diamond –un estudioso del desarrollo y evolución de las sociedades– una de las causas del colapso de las mismas. “Un esquema que hace el colapso probable, -dice- es la existencia de un conflicto entre el interés a corto plazo de las élites gobernantes y el interés a largo plazo de la sociedad en su conjunto, especialmente si las élites logran aislarse de las consecuencias de sus acciones. Donde lo que es bueno a corto plazo para la élite es malo para la sociedad en su conjunto, hay un riesgo real de que la élite haga cosas que puedan derrumbar a la sociedad en el largo plazo.”

El perspicaz senador, Jorge Robledo, del Polo Democrático, viene señalando desde hace bastante tiempo este hecho evidente entre la élite gobernante y el resto de la nación. Su afirmación es que mientras a una minoría plutocrática le va bien, a las mayorías les va mal, y esto sucede porque esa élite ha logrado separar su suerte de la del resto del pueblo; han amarrado su prosperidad a la prosperidad de los grandes monopolios, nacionales y extranjeros, especialmente del capital financiero parasitario. Un sector que acumula gigantescas ganancias, año tras año, mientras al grueso de los trabajadores y empresarios, pasan todo tipo de dificultades para sobrevivir a unas políticas gubernamentales, especialmente impositivas, que los ahogan.

Por eso, las condiciones económicas, sociales, ambientales…del país son un desastre, en el que pelechan los negocios pingües de los poquísimos beneficiarios de las políticas gubernamentales. Para verificarlo, basta leer las declaraciones de la Contralora, Sandra Morelli, sobre el desastre ambiental que amenaza a Colombia por el avance incontrolado de la locomotora minero-energética.

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