Como cualquier mal perdedor en una mesa de juego los EE.UU. ha decidido darle una patada al tablero del mercado monetario mundial. A finales de la semana pasada el Banco de Reserva Federal (el equivalente al Banco de la República), anunció que “…pretende comprar 600.000 millones de dólares adicionales de bonos del Tesoro a largo plazo hasta fines del 2011, un ritmo de cerca de 75.000 millones de dólares al mes.”

Para traducir esta decisión a términos comprensibles para las personas no acostumbradas a la jerga económica, ella significa la emisión sin respaldo de la cantidad millonaria de dólares que se anuncia. Simplemente ponen a funcionar la máquina de producir billetes con los que piensan inundar su propio mercado y el mercado monetario mundial. Esta es una de esas medidas que quebranta la teoría económica que viene enseñándose y aplicándose bajos los dictados del Fondo Monetario Internacional, desde finales de la Segunda Guerra Mundial Imperialista.

La decisión la toma los Estados Unidos ad portas de la reunión del G-20, un grupo que integran las economías de los países ricos y lo más selecto de las economías emergentes de Asia, Europa, Oceanía y América. Este grupo ha pretendido durante los dos últimos años poner algo de orden en los mercados financieros del mundo, luego de que estallara la crisis de finales del 2007 que tuvo origen en el desborde especulativo de los grandes bancos norteamericanos.

Con este fuerte “case” de los EE.UU. los mercados están desconcertados y alborotados. El mismo día del anuncio, el ministro de Hacienda del Brasil Guido Mantega dijo que “…la decisión de la FED…podría agravar los desequilibrios de la economía global”, y afirmó que en la próxima cumbre del grupo de las 20 economías líderes presentará queja por la decisión de la Reserva Federal.

Los Estados Unidos buscan, con medidas desesperadas como la que estamos comentando, tratar de recuperar su alicaída economía, apostando con fiereza a crecer no solo en el mercado interno sino sobre todo en el externo. Al emitir tal cantidad de dólares inundando el mercado mundial, su moneda se devaluará en el corto plazo, revaluando en la práctica las monedas de los demás países. Así los términos de intercambio de sus mercancías mejorarán significativamente frente a las de sus competidores. Las reacciones de los jugadores fuertes en el mercado mundial no se harán esperar lo que generará mayor incertidumbre en una economía que ya ha tomado ribetes de caótica.

Digamos de paso que uno de los damnificados inmediatos es nuestro país. Cuando aún no acababan de ser informadas las tímidas y torpes medidas del gobierno colombiano para tratar de frenar la ola revaluacionista que amenaza con llevar al traste buena parte de la economía nacional, el anuncio de la FED aceleró nuevamente la revaluación del peso frente al dólar. Los análisis de algunos expertos de un dólar a 1.600 pesos pueden quedarse cortos.

En este sacudón ya hay varios moribundos que van quedando en el camino. Uno de ellos es la teoría económica neoliberal. La autorregulación de los mercados no pasó de ser una utopía anecdótica o un ardid para esconder la insaciable voracidad del capital, que no sabe crecer sino sobre la base de la depredación de la sociedad. Y como tal está condenado a devorarse a sí mismo.

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