El Paro Cívico Cafetero que paralizó durante 12 días, buena parte de la geografía nacional, fue una gesta heroica de los campesinos caficultores de a pie. A ellos, fundamentalmente a ellos, los miles y miles que se tomaron la vías en Huila, Cauca, Nariño, Valle, Viejo Caldas, Antioquia, Tolima, Santander, Cesar, Cundinamarca, Boyacá…, que soportaron todo tipo de sacrificios e incomodidades en las concentraciones, además de sufrir los vejámenes y tropelías de la fuerza pública, enviada por el régimen para reprimir la justa protesta…, a ellos, repito, se deben las conquistas plasmadas en el pliego petitorio que dio forma a sus reclamaciones.

Los negociadores reflejaron sus reclamos. La pelea era por el precio del producto, envilecido por las políticas de libre comercio impulsadas por el gobierno que amenazan con liquidar lo que queda de la producción agropecuaria nacional. La aspiración de un precio de sustentación, subsidiado por el estado, es la única manera de superar la coyuntura adversa de los productores de café. No es, obviamente la solución definitiva a la crisis, pero si da un respiro para que productores y gobierno, revisen las políticas equivocadas que amenazan los productos del campo y se reenfoque el negocio agropecuario para hacerlo rentable. Entendiendo que no hay país del mundo que no subsidie, de una u otra manera, este tipo de producción; por sus implicaciones en la seguridad alimentaria, en el empleo, en la ocupación del territorio…

La razón estaba de parte de los manifestantes. Nadie nunca lo puso en duda; ni el gobierno. Lo lamentable es que se vieran obligados a usar las acciones de fuerza, materializadas en la más gigantesca movilización de campesinos de la historia reciente, para que un gobierno autista se dispusiera a dialogar. En Colombia, los gobiernos dirigidos por los neoliberales se han aferrado al dogma impuesto por el gran capital de dar preferencia a sus intereses a costa de los intereses de la nación. Basta con una llamada a ministros o presidentes y sus peticiones les son concedidas con creces: v.gr., el caso de la Drummond. Las solicitudes del pueblo, de los sectores productivos y del trabajo, nacionales, tocan pelearlos a brazo partido en las calles. Tal la naturaleza de gobiernos que representan intereses distintos de los nacionales.

La lección para campesinos, trabajadores, productores de la ciudad y el campo…, es que toca organizarse para defender o alcanzar lo que se quiere. La fuerza de la razón se impone con organización. Con una organización que tenga claro sus objetivos, tanto los inmediatos como los mediatos. En esta lucha por la defensa de la caficultura nacional, fue clave el pliego de peticiones, que dotó de un lenguaje común a los manifestantes. Si interpretamos adecuadamente las aspiraciones económicas, políticas, sociales…de la nación y tenemos una táctica correcta que una sin distingos de ninguna clase a los sectores involucrados, el éxito estará al alcance de la mano. Este es el camino.

¡Sigámoslo!

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