A orillas del rio Suaza junto al puente que comunica a Garzón con La Jagua hace 38 años don Hernando Motta uno de esos cerebros brillantes y anónimos de nuestro terruño decidió instalar junto a doña Fanny su compañera de aventuras una preciosa estancia de madera para comercializar los alimentos que sus conocimientos gastronómicos le permitían fabricar, así con el tesón propio de las gentes de trabajo nació “El Patillal”.

Con el transcurrir del tiempo mientras doña Fanny adornaba el lugar con orquídeas, helechos, bromelias y todo tipo de plantas epifitas que recogen la humedad del ambiente, don Hernando se dedicaba a fabricar artefactos que prueban unos sólidos conocimientos de física e hidráulica como un balancín de pájaros que se mece a perpetuidad con una caída de agua, o el molino movido por un infante que aprovecha el chorro que despide un enorme falo que recuerda las mejores descripciones de García Marquez y el mobiliario elaborado con elementos de reciclaje.

“El Patillal” se convirtió en un paso obligado de los viajeros nacionales y extranjeros de camino al sur del Huila, que disfrutan los chorizos, los batidos, los espejuelos, los quesos y las deliciosas viandas que se preparan en la cocina construida por su propietario, así con los ingresos del negocio los Motta formaron a sus tres hijos: Fanny Milena Ecóloga, Juan Alberto Ingeniero Ambiental y Carlos Hernán Diseñador de interiores Arquitectónicos. La vida transcurría sin mayores apremios y con la alegría de quien ha consolidado un espacio al que llegaban cientos de personas a disfrutar, a tomarse una foto junto a la bruja del maestro Emiro Garzón; sin embargo la confianza inversionista frustró la tranquilidad, días atrás la multinacional EMGESA les envió una nota en la que les notificaba la expropiación del terreno para dar paso a la construcción del Quimbo, afanados fueron a concertar un arreglo para no perderlo todo, los funcionarios les ofrecieron un precio miserable, que no tiene en cuenta el enorme valor que representa haber posicionado un negocio y ser la fuente de vida de la familia Motta, porque a la multinacional eso no le importa, con amargura en su rostro doña Fanny dice: “con lo que nos dan no alcanza ni para comprar una casa decente en Garzón” ; aunque la compañía no ha pagado al momento de publicarse esta nota es posible que el buldócer acompañado del piquete de policía hallan arrasado con El Patillal porque les fijaron como plazo el 6 de abril para desocupar; indigna el trato dado a gente de trabajo con la complacencia de un gobierno y una política que pretende reelegirse en cabeza propia o ajena.

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