El pasado 12 de octubre se cumplieron 519 años desde que emisarios y corsarios españoles se apropiaron de este territorio, emprendiendo una sangrienta colonización que durante tres siglos sometió a nuestros nativos y esclavos a humillaciones, destierros y asesinatos, con el objetivo de saquear nuestras riquezas. Entonces, muy contadas pero valientes voces se levantaron contra ese dominio chapetón, entre ellas las de los habitantes de Cartagena, que el 11 de noviembre de 1811 se convirtió en el primer territorio libre y condujo a la posterior independencia de Colombia.
La Globalización, que es la forma que toma el dominio gringo sobre los países subdesarrollados, a través de las multinacionales y los especuladores del circuito financiero mundial -quebrando incluso a los del Primer Mundo-, hace más de dos décadas sentó sus reales en Colombia para emprender su recolonización. La diferencia está en el argumento pues lo hacen a nombre de la modernización; y los métodos, que van desde la utilización de gobiernos dóciles que entregan más de lo que les piden, hasta el asesinato de quienes se resisten para imponer títeres que les permitan la toma descarada de sus riquezas.
En nuestro país, acuden a esos gobiernos dóciles y métodos sofisticados. Mandatarios que utilizan la retórica para entregar los recursos naturales, materias primas y mano de obra barata. Con el cuento de la “modernización”, concesionaron los derechos a la salud, educación, servicios públicos, seguridad social, justicia y otros a los especuladores financieros enquistados en el sector privado. Su fundamento es la confianza inversionista, consistente en otorgarle “billonarias” utilidades a empresarios nacionales y multinacionales, -las que serán elevadas a categoría infinita con la vigencia de los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, Unión Europea, Canadá y Corea-, que nos convertirán en eunucos al renunciar a nuestro desarrollo, importando productos de alto valor agregado a cambio de exportar materias primas –agotables- y algunas baratijas.
No se han implementado los mencionados acuerdos y ya se escuchan voces valientes que denuncian los “negociados billonarios”, insertos en esa confianza inversionista, por tanto, consentidos por el gobierno Santos –el de la cruzada frente a la corrupción- que vienen cometiendo las multinacionales mineras. En debate del pasado 22 de noviembre en la Comisión Quinta el senador Jorge Robledo demostró que el gobierno está regalándole los recursos a las empresas extranjeras. En minería, por ejemplo, el Estado sólo se queda con 20 de cada $100 de la riqueza. Robledo dijo que “se debe a que las multinacionales pagan muy poco en regalías y en impuestos”. Para el caso del contrato petrolero, la regalía promedio es del 8%, es decir, que por cada barril vendido a 98,01 dólares, al cambio de $1.925,39/dólar, o sea en $188.669,25, al país le quedan sólo $15.093,54. En relación con el oro, la regalía es del 3,2%, si una onza se comercializa a 1.700,4 dólares, al mismo cambio equivale a 3 millones 273 mil 933 pesos, a la Nación sólo le quedan $104.765,86. Si esto lo multiplicamos por los millones de barriles de petróleo y toneladas de oro, sin contabilizar el carbón, gas, níquel etc., nos da la idea del tamaño del negociado, mientras que a los indígenas de la Guajira les cobran la regalía del 12% por explotar sal.
A lo anterior toca sumar lo que les queda a las multinacionales en materia tributaria al pagar un impuesto a la renta de sólo 14%, mientras que a los colombianos del común nos retienen un 33%. Además, la misma Contraloría informó que las multinacionales no están pagando el total de las regalías debido a la falta de control por parte del gobierno colombiano, al paso que Robledo denunció serios indicios de una enorme cantidad –23 toneladas- de exportaciones ficticias de oro. Se detectaron: incumplimientos en el pago del canon superficiario, inflaron activos fijos, reciclaron inversiones, incremento de provisiones, disfrazaron de legal importaciones ilegales, sobornos, sobredimensionaron costos, certificados de mayores gastos, ventas en paraísos fiscales, no tenían información disponible y transferencia de ganancias, todo para obtener exoneraciones que lleva a un fraude billonario contra la Nación.
¡Las multinacionales de la confianza inversionista de hoy, son la versión moderna de los corsarios que nos arrasaron hace cinco siglos!