“¿Cómo es que la inflación el año pasado fue del 2,4%, pero cualquier tasa de interés está por encima del 20%? ¡Diez veces la inflación!”
José Félix Lafaurie, Presidente de Fedegán
La afirmación del presidente de Fedegán que sirve de epígrafe a este artículo, desnuda la realidad del crédito en Colombia. Una banca monopólica que se enriquece a tasas escandalosas, mientras los usuarios, empresas e individuos, apenas sobreviven a sus voraces intereses. Las ganancias del sector financiero dedicado al crédito se calcula que alcanzará los siete billones de pesos en el año 2012, superando en más del 6% las obtenidas en el año anterior. Una tendencia que se ha mantenido por más de diez años, desde que la crisis de la deuda del finales de los años 90, obligara a la sociedad a salvarlos de la quiebra.
En un mundo donde el costo del crédito ha llegado a niveles irrisorios –la banca central reconoce tasas de interés cercanas a cero–, la banca comercial ofrece créditos con tasas anuales que oscilan entre el 3 y el 8 por ciento anual, que el crédito en el país tenga el costo que denuncia el señor Lafaurie, explica en buena medida la imposibilidad de competir de la producción nacional, con productos y servicios del extranjero.
Este es uno de los sectores parasitarios de la economía nacional. Consentido de todos los gobiernos, protegido con regulaciones que le permiten aplicar no solo tasas de interés, sino costos de los servicios de precio monopólico, el sector del crédito se levanta como una talanquera infranqueable en las justas aspiraciones de prosperidad de los empresarios y trabajadores colombianos. No hay nada más ofensivo que ver como atenazan a los ciudadanos que apremiados por la necesidad de la vivienda familiar, quedan amarrados de por vida a los créditos usurarios de la banca comercial, cuando no es que pierden el ahorro de toda su vida al primer traspiés personal.
Es imposible que un parásito pueda vivir eternamente de su víctima. Los abusos de las entidades de crédito, tarde o temprano, se manifestarán con la insolvencia de los prestatarios. Con la crisis financiera mundial, que es precisamente el producto del parasitismo del gran capital especulador, sobrevendrá una catástrofe similar en Colombia. Solo que ahora los colombianos no permitiremos que a los especuladores los salve el gobierno connivente de turno. Ya empiezan a aparecer indicios de los sacudones que estremecerán al sector financiero del país.