La ciudad portuaria de Liverpool fue en los comienzos de la década de los sesenta del siglo pasado escenario de una revolución, la música que cuatro jóvenes, provenientes de los suburbios donde se instalan obreros y marinos, tañían en sus guitarras y latas de percusión, acompañadas de la melosa voz de los cantantes sacudieron inicialmente las fibras más sensibles de sus congéneres en Europa y los Estados Unidos y luego al resto del globo terráqueo. La ilusión de un mundo mejor se plasmaba en la letra de sus canciones que tal vez tuvo su epilogo con la partitura Imagine de Lennon ya en las postrimerías de su vida:

“Imagina que no hay países

no es difícil de hacer

nadie por quien matar o morir

ni tampoco religión

imagina a toda la gente

viviendo la vida en paz…

Imagina que no hay posesiones

quisiera saber si puedes

sin necesidad de codicia o hambre

una hermandad de hombres

imagínate a toda la gente

compartiendo el mundo

Puedes decir que soy un soñador

pero no soy el único

espero que algún día te unas a nosotros

y el mundo vivirá como uno”.

Pocos días atrás, otros jóvenes de Liverpool, al mismo tiempo que los de Manchester, Birmingham y varios distritos de Londres como Tottenham y Bristol, con garrotes y piedras, desfogaban su ira contra el comercio y las fuerzas policiales por las recientes medidas económicas del gobierno, que reduce recursos para atender las necesidades de la sociedad, mientras destina sumas fabulosas al rescate de las entidades financieras acogotadas por la amenaza de insolvencia de naciones acreedoras como Irlanda, Grecia, Finlandia y otras en riesgo de seguir el mismo camino como Portugal, España e Italia.

El golpe de gracia proviene del otro lado del Atlántico, con la reducción de la calificación de la deuda soberana de los Estados Unidos, que conmocionó a las bolsas y originó perdidas en el valor de los papeles bursátiles con que se transan naciones y empresas y por supuesto la vida de millones de trabajadores e inversionistas. Lo peor está por venir, hasta el exabrupto de la venta de Ecopetrol se desaceleró por la súbita caída del valor de sus acciones y a pesar de esas señales, los farsantes que dirigen la nación afirman que nuestra escuálida economía está blindada contra la crisis. Será necesario repetir las movilizaciones en los países Árabes, los indignados, los griegos e Ingleses para que estos pupilos del imperio, comprendan que el único antídoto es no copiar las recetas y por el contrario definir una política propia que vele por el interés nacional. Si Jaime Garzón aún viviera caracterizaría a estos personajes con la sorna que se merecen y recordaría la lapidaria frase del ideólogo del proletariado: “Un nuevo fantasma recorre Europa”, el hambre y la desigualdad terminará por cobrar cuentas a quienes persisten en arrasar con el trabajo y los recursos naturales del planeta, para que el mundo viva como uno.

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