Otro año que se fue, no uno cualquiera, el fantasma de la crisis mundial lo envuelve todo, el peligro latente de un gran crack financiero se mantiene vivo y con la adrenalina al tope los especuladores del globo entero observan como las enormes utilidades registradas en los papeles que mueven en las bolsas de valores pueden terminar esfumándose de un momento a otro, lamentable que con ello terminen llevándose al caño los ahorros de toda la vida de innumerables trabajadores que depositaron mes a mes la cuota de la pensión o consignaron pequeñas sumas sustraídas a su bienestar pretérito apostándole a una jubilación digna
Las políticas del libre comercio que han empobrecido más gente que cualquier otra aceleran el deterioro del Medio Ambiente a través de la explotación sin control de los recursos naturales no renovables, han liquidado todo vestigio de los Estados de bienestar privatizando los servicios públicos esenciales, la salud y la educación que se convirtieron en una nueva fuente de negocio para los capitales parasitarios que migran de un lugar a otro tras un mayor margen de ganancia, todo con la anuencia de pequeños círculos de gobernantes que sacrifican el futuro de sus conciudadanos para participar de las migajas que les proporcionan los dueños de la riqueza mundial a cambio de su abyecta servidumbre; sin embargo los beneficiarios de esta hecatombe no la tendrán fácil, empiezan a encontrar fuertes corrientes contrarias, los pueblos en los dos hemisferios afectados los del norte por la pérdida de ingresos y empleo, los del sur sin opción de trabajo por la ruina de su industria y la producción agropecuaria, se agrupan para resistir ante la evidencia del origen de sus males y por los peligros que se vislumbran en asuntos que les son vitales como la seguridad alimentaria.
Campoalegre nos alertó sobre el uso de normas para apropiarse de las semillas e imponer los transgénicos en la agricultura, la homogeneidad conduce a la proliferación de plagas mientras que las mixturas propias de los pequeños productores reduce la proclividad a las infestaciones; los genes resistentes que manipulados en laboratorios se inoculan a los materiales que comercializan Monsanto y otras transnacionales, contra la aseveración de sus creadores se han transferido a otros organismos que podrían terminar convirtiéndose en una grave amenaza para los cultivos, así como la naturaleza es más compleja que un experimento, las sociedades no son eternamente manipulables, ni aguantan males ni pésimos gobernantes mil años.