Ponencia presentada por la Juventud Patriótica en el I Encuentro Nacional de Jóvenes del PDA, Bogotá 28 y 29 de noviembre de 2006

“Si usted abordó el tren equivocado, de nada le sirve correr en su pasillo en la dirección opuesta”
Dietrich Bonhoefier

Tapando el sol con un dedo

Los subtemas definidos para este evento han sido el estudiantil, la temática urbana, lo agrario, la juventud trabajadora, mujer y género, la diversidad étnica, LGBT y, por último, TLC. Y aunque la importancia de cada subtema es indiscutible, hay uno transversal a los demás, el TLC.

Si las medidas consignadas en las 1.531 páginas del Tratado logran implantarse por sobre la Constitución colombiana, no sería presuntuoso afirmar que los estudiantes, el desarrollo urbano y rural, los campesinos, los jóvenes trabajadores, las mujeres, las minorías étnicas y los LGBT verán aplazado su futuro.

El hecho de que dentro del Tratado se manejen más de 350 asuntos hace que no sea exagerado aseverar que el TLC va a afectar todos los aspectos de la vida colombiana. Desde la compra de un medicamento, pasando por la dieta y la actividad laboral. Es por ello que el TLC no es un asunto tan sólo del resorte de los expertos en comercio internacional. Le incumbe a cada colombiano, y es deber de las diferentes fuerzas que componen el PDA contribuir a un mayor entendimiento sobre el tema y conformar un frente de todos los sectores que resista a este agresivo intento de recolonización.

Aunque para estos temas el debate ideológico es y ha sido importante, varios voceros del PDA se han ocupado de demostrar la inconveniencia del TLC para el país, a partir de argumentos económicos que en la mayor parte de los casos obedecen al sentido común y que han sido confirmados por los hechos.

No obstante, la discusión se ha querido presentar a la opinión pública como un desacuerdo entre un grupo de funcionarios expertos que quieren lo mejor para el país y un puñado de obstinados que no han podido entender que “estamos en un mundo globalizado”, apegados a políticas “obsoletas” como la defensa de la producción nacional. Se quiere vender la idea de que quienes están a favor del Tratado manejan las cifras y los escenarios de la viabilidad, mientras que quienes están en contra proponen medidas irrealizables, sin ningún fundamento económico. Nada más alejado de la realidad.

Lo cierto es que ese modelo exportador, que se ha querido presentar como la panacea para el país, no fue en ningún momento utilizado por EU ni por ninguna potencia en el desarrollo de su economía. Teniendo en cuenta las exportaciones, no en términos absolutos sino en términos relativos con respecto al PIB, es correcto afirmar que Colombia exporta más que EU. Este tan sólo exporta el 10% de su PIB y dedica el otro 90% al mercado interno, Colombia, de acuerdo con cifras de 2004, exporta en cambio el 20.84%.(1) Por otro lado, Japón, otra superpotencia, tan sólo exporta el 10% de su PIB, mientras que países como Yemen lo hacen con un 50%, Gambia con un 59% y Angola con un 93%. Es claro entonces que el aumento de exportaciones de un país no necesariamente lo desarrollará más.

Además, las exportaciones pueden llegar a generar ganancias en la medida en que sean mayores que las importaciones, y éste no fue el caso de Colombia, ya que entre 1999 y 2002 el déficit de la balanza comercial creció en 1.723 millones de dólares, para una pérdida total de 39.038 millones de dólares.(2)

Recordemos también que “Durante el siglo XIX, los países de América Latina fueron predominantemente exportadores (…) pero esto no significó más que atraso y miseria.”(3) “Estados Unidos por su parte, defiende rabiosamente su mercado interno.” “Cuando una importación amenaza a sus productores nacionales, aplican inmediatamente las leyes antidumping y colocan toda clase de trabas.”(4)

“En un artículo llamado ‘Costos competitividad y crecimiento’ (Portafolio, junio 2 de 2004) Luis Lorente mostró que las empresas exportadoras buscan cinturones industriales con fuertes encadenamientos internos y no simplemente crear economías de enclave que sólo tendrían sentido para la exportación de recursos naturales. Según este autor, las empresas exportadoras exitosas aparecen dentro de un sector económico relativamente desarrollado y necesitan una demanda nacional para sostener un mínimo de actividad, pues no es posible separar el crecimiento de las exportaciones del crecimiento del mercado interno”(5)

Lo cierto es que la contundencia de las cifras y el devenir de los últimos sucesos han desnudado el verdadero carácter imperialista del Tratado, a tal punto que varios sectores de la economía nacional como los ganaderos –varios de ellos del uribismo– han manifestado públicamente su descontento. Esta situación llevó a los neoliberales a recurrir a todo tipo de argumentos que no poseen un soporte serio en la realidad y que en algunos casos rayan con lo metafísico.

En este sentido la propaganda oficial del Tratado, el famoso “hay con que”, se da paralelo a una negociación en la que EU en ningún momento puso a consideración los subsidios exagerados que da a su sector agrícola, facilitando la práctica del dumping, considerado delito comercial por la OMC. Al mismo tiempo, los discursos de optimismo oficiales eran opacados por las declaraciones del ex presidente Gaviria, uno de los principales promotores del neoliberalismo en el país, cuando decía: “Reconozco mi cuota de culpa de haber creído que esos cambios económicos iban a generar crecimiento sostenido y mejoramiento de los indicadores de la desigualdad y la pobreza” (…) “ya que la solución de los problemas sociales dependen de que éste funcione y no de empujar sin criterio la privatización”.(6)

La realidad del Tratado ha comenzado a tornarse aplastante y cada vez ha sido más difícil para los funcionarios del gobierno tapar lo que en realidad pasó, por lo que no fue fortuito ver a un Jefe de Estado descompuesto en varios auditorios de universidades públicas y privadas del país al no poder responder algunos cuestionamientos que las comunidades académicas le hicieron. El paso del Presidente de la República por recintos académicos en los que se encontró con públicos no amaestrados fue desafortunado.

Los discursos de hermandad entre las naciones de una sola economía mundial, de la integración entre países y del final de las fronteras, duran hasta la puerta de la embajada, cuando miles de colombianos ven negada en muchos casos la visa. En estos casos no pertenecemos a un mismo planeta.

Las alusiones a la hermandad entre naciones fueron parte de la estrategia con la que se impulsó el NAFTA, para construir supuestos vínculos de cooperación entre México, Canadá y la potencia del Norte. Discursos cuya veracidad quedará sepultada bajo el muro de seguridad para América del Norte que se planea construir en la frontera mexicana.

El verdadero debate

“Lo primero es decir que la oposición al TLC no significa rechazo por razones de principios a un tratado económico con Estados Unidos o con cualquier otro país de la tierra, pues se entiende que los negocios internacionales (y los acuerdos que vienen con ellos pueden ser positivos para el progreso de los pueblos, en la medida en que se definan a partir del más celoso empleo de las soberanías para proteger los intereses de cada nación y con el propósito de lograr el beneficio recíproco de quienes los suscriban.”(7) Es por esto que el debate principal no es entre los amigos y los enemigos del comercio internacional, sino entre el interés nacional y el interés foráneo.

Lastimosamente, el interés nacional no parece estar dentro de las prioridades del actual gobierno, si se tiene en cuenta que se impidió a toda costa por parte del uribismo que el Congreso expidiera alguna ley que le pusiera algún control a lo que el gobierno iba a entregar. Cosa que sí permiten los norteamericanos en defensa de sus intereses. Y aunque algunas veces, se trata de maquillar esta situación con demagogia, hay ocasiones en las que el cinismo entra en escena. Por ejemplo, el ex codirector de BanRepública, Kalmanovitz, al referirse al TLC en el agro colombiano, le desea a la gente del campo “una competencia que históricamente sus grandes productores lograron evadir exitosamente. Que reciban algún exceso de ella, incluso desleal, como la implicada por los subsidios norteamericanos a sus cereales” (Octubre 28, El Tiempo).(8)

En El Tiempo se hace un balance de lo que fue la negociación en el sector agrícola y se deja en claro cómo fue la representación del interés nacional por parte del equipo negociador. “Sin franjas de precios, salvaguardias permanentes o productos excluidos terminó la negociación agrícola para Colombia. Estados Unidos en cambio sí logró excluir el azúcar, al que considera un producto muy sensible.”(9)

Otra de los puntos para no dejarse confundir por la demagogia gubernamental ni dar la discusión de manera ingenua es entender el verdadero carácter del imperio.

El verdadero carácter del imperio

Hay un debate que se ha dado con cierta ingenuidad por no entender la naturaleza del imperio y es el del saber tradicional. Son varios los sectores, algunos de izquierda, que han manifestado públicamente su descontento por el hecho de que los gringos se estén llevando el saber tradicional de nuestras tierras. Pero a la hora de preguntar qué es en sí el saber tradicional, o qué debe llevar un norteamericano en sus maletas antes de abordar el avión rumbo a su país, que nos indique que se está llevando ese saber tradicional colombiano, las respuestas son un tanto confusas. Hay implícita una idea de que los norteamericanos sienten algún tipo de odio fortuito hacia diferentes minorías étnicas del país, presentándolo todo como un simple dilema de bondad y maldad.

Los notables adelantos en biotecnología han ampliado las posibilidades para el aprovechamiento de la biodiversidad, bien sea para la fabricación de productos para la salud, la agricultura o la alimentación. Y en este escenario nos encontramos ante un país con notables adelantos tecnológicos, pero sin tanta biodiversidad, y otro que a pesar de tener una biodiversidad considerable, está atrasado tecnológicamente. Lógicamente el primero es EU y el segundo es Colombia. No obstante, tomar por ejemplo determinada especie de flora, encontrar su principio activo y con este elaborar o un medicamento, o un alimento o algún insumo agrícola, requiere grandes cantidades de tiempo y de dinero. Y no sólo está el reto de la ubicación y transformación de ese principio activo dentro de la planta. También hay que saber cuáles de las plantas presentes en la biodiversidad colombiana son aquellas en las que se podría encontrar ese principio activo necesario para equis propósito. Por tanto, estamos hablando de grandes inversiones de tiempo y capital con altísimos niveles de incertidumbre. Y es común que las zonas que conservan mayor biodiversidad lo hagan por su lejanía con la expansión urbana. Zonas que históricamente han sufrido del desconocimiento estatal. Y en estas zonas con gran biodiversidad se encuentran por lo general diversos grupos étnicos.

¿Dónde entra el saber tradicional? Pues bien, aquellos miembros de esas multinacionales que se dedican a la biotecnología, por medio de observación directa a estos grupos étnicos, logran determinar qué plantas pueden llegar a contener un principio activo importante. Por ejemplo, cuando ven a una madre tratar la enfermedad de alguno de los miembros de la comunidad con determinada especie o cuando ven cómo otra especie aplicada a los cultivos genera mayores rendimientos. Por tanto, ese saber acumulado por generaciones no le interesa al gringo porque sea malo o bueno o porque simplemente les tenga envidia a nuestras tribus. Lo que le permite el saber tradicional al norteamericano es disminuir los niveles de incertidumbre en la inversión. Hay que entender que los intereses del neoliberalismo no son ni estéticos ni espirituales. Están medidos por la rentabilidad.

Siempre que una compañía norteamericana esté tras algo, es porque es rentable, y no habrá consideraciones éticas distintas a la de la más feroz competencia, cuyo único fin es la ganancia a toda costa, así haya que pasar por sobre el cadáver de quien sea. Lograr la ampliación del espectro patentable de 20 a 25 años, bajo el argumento de que es justo que esas multinacionales recuperen sus altas inversiones, sin importar que haya muertos en Colombia por la medida, deja claro que “Estados Unidos ha demostrado nuevamente que es un imperio, y los imperios no tienen amigos, sólo intereses.”(10)

El chiste de la reconversión tecnológica

Hay una tesis, tal vez la más infantil del Gobierno en todo este proceso, que es la de la reconversión tecnológica. Los propagandistas oficiales afirman que en ese lapso de tiempo de desgravación arancelaria gradual pactada para diferentes productos que puedan entrar desde el mercado norteamericano, Colombia por medio de una agresiva agenda interna va a construir un sinnúmero de vías, va a tecnificar el campo y va a certificar las industrias, a tal punto que para cuando acabe la desgravación, Colombia negociará de tú a tú con la potencia del Norte. Se pretende remediar en más o menos diez años los daños de una política nacional que en ninguno de sus periodos tuvo como norte el bien de sus pobladores. Aurelio Suárez demuestra sistemáticamente cómo las trabas que condenaron al atraso a la agricultura colombiana han existido desde la llegada de Colón y cómo estas nunca pudieron ser superadas y se agudizarán más con la aplicación del recetario neoliberal.(11)

Y a estas alturas, el discurso incita a nuestro ánimo y mejores deseos. ¡Que somos capaces! Incitación que por supuesto no da salidas concretas a 20 años de rezago en investigación tecnológica agrícola, o al hecho de que el número de investigadores de Corpoica con diferentes niveles de formación haya bajado de 516 en 1994 a 295 en el 2005.(12) O que en la que Peter Drucker(13) denomina sociedad del conocimiento, Colombia tan solo invierta el 0.16 por ciento de su PIB en este tipo de investigaciones. Es decir, la mitad del promedio de América Latina. ¿Como se plantea entonces hacer esta reconversión tecnológica?

Pero suponiendo que sea cierto el absurdo de que Colombia va a crecer, tecnológicamente hablando, hasta un nivel similar al norteamericano, cosa bien dudosa, la tesis pierde validez, pues en este tiempo el avance tecnológico norteamericano no se quedará en un punto fijo esperándonos. Son varios los estudios que demuestran que en muchos casos el avance en tecnología en países con altos desarrollos es exponencial. ¿Cuándo alcanzarlos entonces?

Y dicha meta de desarrollo sí que está lejos si se tienen en cuenta los actos deliberados que apuntan a rebajarle la financiación a la educación del país, como es el caso del Decreto 3545 de 2004, afortunadamente derogado(14), y el afán por volver mediocres los currículos de las Universidades convirtiendo a los egresados en simples operarios de tecnologías foráneas, y alejándonos cada vez más de la posibilidad de salir de la barbarie tecnológica.

¿Quien es dogmático al fin?

Como triste conclusión, el TLC es un cuento flojo que ni siquiera fue inventado aquí, ya que en los cien puntos del Manifiesto Democrático de Uribe, no se habló explícitamente de él.

Se intenta además acallar varias voces sensatas satanizando la utilización de ciertos términos como neoliberalismo, imperialismo o recolonización. Cuando “Ante lo que estamos es ante un proceso de recolonización imperialista. Este es el nombre técnico de lo que está sucediendo.”(15)

Varios sectores del PDA son tildados por los neoliberales de dogmáticos y se les pide maquillar y suavizar su discurso, mientras que el neoliberalismo fundamentalista sí parece tener licencia para actuar.

En este sentido, las juventudes del PDA deben luchar en primer lugar por derrotar un Tratado que va a tornar oscuro su futuro, y en segundo lugar para luchar por la construcción de una nueva ruta de desarrollo con soluciones radicales, entendido este atributo como el ir a la raíz de los problemas que nos aquejan. Por un país en el que deje de ser pecado hablar de proteger la producción nacional, de garantizar los derechos de los ciudadanos y la soberanía. Solución tildada por muchos como pasada de moda, aunque sea la más lógica para la mayoría de colombianos.

Nuestra opción objetiva y nuestro proyecto de país están condensados en el Ideario de Unidad del PDA. Con nuestra orientación política combatiremos contra el “hay con que” del Gobierno nacional, contra las teorías económicas que para ganar validez tienen que utilizar figuras inexistentes como la de consumidores en abstracto y contra una serie de discursos de fraternidad y de emprenderismo(16) que desconocen las crudas realidades materiales del colombiano promedio y que cada vez encuentran menos asidero en los hechos.

Ni los discursos metafísicos, ni la despedida de funcionarios del DANE lograrán esconder más de 16 años de fracasos del modelo neoliberal.

————————————————-

(1) ROBLEDO, Jorge. El TLC recoloniza a Colombia. Acusación a Álvaro Uribe Vélez. Bogotá: TR Ediciones, 2006. 192 Pág. ISBN 978-958-33-9959-6.

(2) ROBLEDO, Jorge. Por qué decirles no al ALCA y al TLC. Bogotá: TR Ediciones, 2004. 46 Pág. ISBN 958-33-6036-8

(3) Red Colombiana de Acción frente al Libre Comercio y el ALCA, RECALCA. 9 mentiras del Gobierno acerca del TLC con Estados Unidos. 28 Pág.

(4) Ibíd.

(5) Ibíd.
(6) PERIÑÁN MENDOZA, Luis Alberto. Una confesión tardía. (en línea). Octubre 18 de 2006. (ref 27 de nov de 2006). Disponible en Web: http://www.alcnoticias.org/articulo.asp?artCode=5019&lanCode=2
(7) ROBLEDO, Jorge. El TLC recoloniza a Colombia. Acusación a Álvaro Uribe Vélez. Bogotá: TR Ediciones, 2006. 192 Pág. ISBN 978-958-33-9959-6.

(8) SUÁREZ, Aurelio. Malezas teóricas. La Tarde, Pereira, octubre 31 de 2006.

(9) Este es el decálogo del tratado de libre comercio. (en línea). Noviembre 22 de 2006 . (ref . 27 de noviembre de 2006). Disponible en Web: http://www.eltiempo.com/economia/2006-11-22/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3335294.html

(10) ROBLEDO, Jorge. El TLC recoloniza a Colombia. Acusación a Álvaro Uribe Vélez. Bogotá: TR Ediciones, 2006. 192 Pág. ISBN 978-958-33-9959-6.

(11) SUAREZ, Aurelio. Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria. El sector agropecuario colombiano frente al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Bogotá 2006. 75 Pág.

(12) Investigación tecnológica agrícola tiene un rezago de más de 20 años. Portafolio. Miércoles 14 de Septiembre de 2005.

(13) DRUCKER Peter. La sociedad postcapitalista .Bogotá. Grupo Editorial Norma. 1994. 244 Pág.

(14) Para mayor información consultar: http://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-85602_archivo_pdf2.pdf

(15) La política del gobierno en las negociaciones del TLC: ceder y ceder y ceder. Trascripción de la intervención del senador Jorge Enrique Robledo en la audiencia “Balance de las negociaciones en el TLC”, realizada el 14 de febrero de 2006

(16) La palabra emprenderismo no existe en el diccionario de la RAE.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *