José Arlex Arias, Cartagena, noviembre 27 de 2017
Wikipedia define el periodismo como “una actividad cuyo fin es recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información relativa a hechos del presente, del pasado y/o del futuro” y como “una metodología adecuada para poder presentar cualquier tipo de información valiosa, buscar fuentes seguras y verificables”. La enciclopedia agrega que: “la base del periodismo es la noticia“; pero esta debe ser previamente contextualizada para poder ubicar al receptor y entregarle elementos imparciales para que pueda formar conceptos. Por esto, es por lo menos ilógico e irracional lo que viene sucediendo con casi todos los grandes medios de comunicación de Colombia, que en su “labor informativa” conducen a claras contradicciones o a conclusiones erróneas.
El ciudadano del común se pregunta: ¿cómo, con los grados de corrupción descubiertos en los últimos gobiernos colombianos, aquí no sucede alternación de los dirigentes, como sucede en cualquier país normal del mundo? La respuesta la encuentra en el comportamiento de esos grandes medios de comunicación, que obedecen a los intereses de los grupos económicos a los que pertenecen: organizaciones empresariales que son ampliamente favorecidas por parte de los gobiernos, con lo cual compensan los favores por ejercer una política del “menos daño posible”, como cuando dicen: “no podemos hablar de la corrupción en una entidad –caso SENA– porque la desprestigiamos”. A ese comportamiento de esos grandes medios de comunicación se le ha definido en el argot popular como el “tapen, tapen y tapen”.
En un país con una dirigencia seria, como existen muchos en el mundo, los grandes medios de comunicación no son tolerantes con escándalos que comprometen a los “altos dignatarios”, tanto del Gobierno como del sector privado, como sucede aquí con los casos de: sobornos de Odebrecht; el saqueo a Reficar, a la DIAN y a la Dirección Nacional de Estupefacientes; el tumbe de Interbolsa; los robos de SaludCoop EPS; los carteles de la salud, la educación, la infraestructura y las pensiones; y las investigaciones de periodistas internacionales denominadas Panama Papers y Paradise Papers, en las cuales se descubren cómo en esos nidos de granujas se esconden los dineros de importantes empresas y de “ilustres” colombianos, con lo cual evaden el control sobre cómo obtuvieron los dineros y en qué los gastan, pero además, evaden los impuestos que le deben tributar al país. Combinando estos métodos, son miles de millones de dólares los que esta banda de criminales le han tumbado a los colombianos, cuyos dineros lavan con la compra de sentencias judiciales, método conocido como el “Cartel de la Toga”, mediante el cual magistrados, fiscales y jueces negocian las sentencias a través de un sin número de abogados “ilustres”. Por eso, hasta la “casa por cárcel” la convirtieron en una anhelada transacción.
Los grandes medios, en vez de estar preocupados de los países vecinos, mientras alienan a los colombianos, tienen la función social de informar con veracidad y objetividad. ¡Denuncien, denuncien y denuncien!