Tal vez una de las mayores debilidades sociales, que han quedado al desnudo durante las recientes movilizaciones de productores del sector agropecuario, es la falta de organizaciones gremiales representativas y democráticas. Los productores no tienen quien los represente. No obstante que desde hace muchos años funcionan federaciones en sectores como el café, el arroz, el ganado, el cacao, la panela, etc.; estas organizaciones que se sostienen porque administran contribuciones parafiscales que pagan los productores, que el gobierno les entrega en administración, se han convertido en grupúsculos de burócratas, verdaderos parásitos que “chupan” el producto del trabajo de sus asociados, con privilegios salariales, prestacionales, de educación, de crédito…, que son inaceptables. Pero lo peor es que hace mucho tiempo se olvidaron de defender los intereses de sus afiliados. Así, es común y corriente ver que son agentes oficiosos de las políticas gubernamentales, más no defensores de las necesidades específicas de sus afiliados.

¿Cómo se sostienen esas burocracias en la dirección de las federaciones? Aplicando la más férrea antidemocracia. Los estatutos que regulan el funcionamiento de las organizaciones gremiales, les permiten a los directivos, apelando a diversas maniobras que van desde el veto a las decisiones de los organismos inferiores, que, por ejemplo, no pueden elegir libremente sus directivas, hasta levantar barreras para impedir la afiliación de personas que no sean dóciles a sus orientaciones, permitiendo el ingreso de pocas personas proclives a sus aspiraciones, que les convaliden la existencia de la organización.

Para que visualicemos con facilidad esta distorsión, revisemos a vuelo de pájaro el comportamiento reciente de la Federación de Cafeteros de Colombia – Fedecafé. En medio de la ebullición del paro cafetero en ciernes, salió a convalidar la posición gubernamental de que todo estaba bien, que el sector productivo cafetero era un paraíso. Cuando la movilización a Manizales, obligó al gobierno a renunciar a la propuesta de la misma federación de incrementar la contribución cafetera, y a ofrecer el primer subsidio de $20.000 por carga, salió a decir que era el producto de una negociación suya con el gobierno; posteriormente, asumió igual actitud, cuando al anunciarse la fecha del paro, el gobierno subió el subsidio a $60.000; en pleno paro el gobierno subió la oferta del subsidio a $115.000 y cuando al calor de las negociaciones se llegó a los $145.000, el gobierno y la alta burocracia de la federación salen a decir que el arreglo del precio no fue por la presión del paro, sino debido a los buenos oficios negociadores de la fedecafé. ¡Más cinismo no se puede! Lo más grave es que en la implementación del llamado Protección al Ingreso Cafetero – PIC, pretenden erigir a la burocracia de la federación, como la garante y validadora del subsidio, cuando en la implementación de los 20.000 y los 60.000 pesos, se perdieron más de la mitad de esos aportes gubernamentales en la maraña burocrática de esa horrorosa organización.

La creación de organizaciones independientes del gobierno, que sean verdaderamente democráticas y representativas, es una tarea al orden del día. Hay que abordarla con diligencia y constancia, tal la lección de los tiempos presentes.

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