Sin que se haya dado respuesta satisfactoria a los problema planteados por los agricultores de arroz, aunado a la incertidumbre de no tener precios definidos para la cosecha de “año grande”, se confirma desde ya que continuará, como si nada estuviese ocurriendo a los arroceros y demás productores colombianos, la implementación de lo firmado en el TLC con los Estados Unidos. Contrasta la prontitud con que se toman medidas para cumplirle a los foráneos y la lentitud cuando de las providencias para ayudar a los nacionales se trata.
La primera noticia del 2014 es el anuncio de la importación de más de 86 mil toneladas de arroz blanco, que deberán ingresar al país en el transcurso del año, dando cumplimiento así, a lo firmado en el mentado tratado con la potencia gringa. No hubo poder humano que hiciera tener en cuenta las razones acerca de las enormes dificultades por las que atraviesa el cultivo del cereal; el ministerio de agricultura de consuno con la gran molinería, darán un golpe letal al producto con que se surte buena parte de la mesa de los colombianos.
La salvedad de que se harán las importaciones solo cuando los inventarios nacionales sean deficitarios, para no afectar los ingresos de los productores, son solo una coartada: la industria, fuertemente concentrada como toda la opinión conoce, comprará la cosecha nacional en concordancia con los precios internacionales y estos, hechas las cuentas, son ruinosos.
Lo adecuado y concordante con la crisis aún sin resolver, debe ser la fijación de un precio de compra previo, acompañado de una evaluación de las áreas a sembrarse y luego ligar, en caso de pronosticarse una producción deficitaria, las compras externas a la adquisición de la cosecha nacional, para inducir la adquisición de ésta.
No pueden permanecer impávidos los cultivadores ante el mal manejo que se le continúa dando a sus intereses. El continuismo de la política del presidente Santos será el matiz principal a discutir en la coyuntura electoral que ya se está dando. Los partidos de la Unidad Nacional y el remedo de oposición de quien fuera ejecutor destacadísimo de las medidas que agobian al agro, fungiendo como alternativa, semeja la disyuntiva de escoger entre guatemala y “guatepeor”. Es hora de que las gentes de Colombia y especialmente las del campo, aprendan a distinguir entre sus amigos y sus enemigos; no sería cuerdo que elijamos nuestros verdugos y después pretendamos que Ellos nos salven.
El pulso entre agricultores y gobierno; La elección entre continuismo y cambio, seguramente tendrá nuevos episodios y de su resultado dependerá el porvenir del arroz y del resto de la agricultura nacional.