Con el presidente Santos y su Unidad Nacional, como con casi todos los que han gobernado a nuestra nación, funciona al contrario la mítica leyenda de Robin Hood. Mientras “un barón llamado Robin Longstride o Robin de Locksley, quien era de gran corazón y vivía fuera de la ley (quien proponía redistribuir riquezas entre los pobres era un forajido), escondido en el Bosque de Sherwood y de Barnsdale, cerca de Nottingham, defensor de los pobres y oprimidos, luchaba contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan sin Tierra, que utilizaban la fuerza pública para acaparar ilegítimamente las riquezas de los nobles que se les oponían” (Wikipedia), sucedió en Inglaterra del medioevo, en la Colombia del siglo XXI los “héroes” disfrazados de Legisladores se han dedicado a meterle la mano al bolsillo de los pobres para entregárselo a los potentados.

La inversión de esta leyenda es la mejor forma de describir la denuncia del senador del Polo Democrático, Jorge Robledo: “Las 89 empresas privadas de mayores ingresos apenas contribuyen con el 4.6% del total del recaudo nacional de impuestos. Las empresas gozan de 80 descuentos tributarios por más de $6 billones anuales. Otra rebaja tributaria, la de las regalías que se descuentan de la renta, cuesta otros $2 billones anuales. Los dividendos que las grandes empresas les transfieren a sus dueños, auténticos magnates, no pagan ningún impuesto de renta”. Esta iniquidad que convierte al país en el cuarto del mundo con mayor desigualdad, fue profundizada con la nueva Reforma Tributaria, acto consumado el pasado viernes cuando se llevó a cabo la conciliación; según denuncias del Polo Democrático se realizó “a pupitrazos, con ilegalidades y maltratos a la oposición” y la calificó de “regresiva”.

Con cuánto desparpajo, casi que cinismo, el gobierno de Santos nos contó los métodos para “convencer” a sus 52 mosqueteros en el Senado y los 104 en la Cámara -respaldo exiguo si tenemos en cuenta que la Unidad Nacional la conforman el 90% de los “padres de la patria”-. A través de los desayunos “paraciegos”, Santos cooptó a esos “adalides”, lo que le permitirá entregar otra gran porción “de la mermelada” de la Nación a los potentados, hasta el colmo de encontrar a otrora dirigentes como los Garzones -no el aeropuerto de Montería, sino de quienes dicen ser emblemáticos defensores de la población- convertidos en verdaderos bufones.

El Espectador tituló: “Aprueban reforma tributaria con desmonte de parafiscales… Las empresas que hoy pagan 33% de impuesto de renta, pagarán ahora este impuesto con una tarifa de 25%… los impuestos con los que hoy se grava el empleo (nómina de empresas) serán reducidos de 29,5% a 16%”, ésta era su médula espinal, que los analistas han calculado en nueva rebaja a multinacionales y potentados en cerca de $6.5 billones anuales, los cuales serán compensados con creación de nuevos impuestos a la población: El Cree, un sofisma dizque para gravar las utilidades empresariales, cuando hoy la economía sufre una recalentada; el Iman, que extiende el impuesto de renta a más contribuyentes; y se amplía el recaudo del Impuesto al Valor Agregado -Iva-. En síntesis, Santos, el Robin Hood de los potentados, le rapa a capas medias y trabajadores cerca de $6.5 billones para entregárselos a sus protegidos, con el agravante de que se lo vende como si les estuviera haciendo un gran regalo. Los potentados están de fiesta; aquí en Cartagena los veremos en sus palacetes celebrando, pero Usted no se amargue, resista. ¡Feliz Navidad les desea el Robin Hood de los potentados!

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