Quienes sienten algún dolor por lo que le pasa a la gente más pobre de Cartagena aún no salen de su asombro ante el cuadro dantesco que sucedió el pasado 13 de agosto en el barrio San Francisco, ubicado en las laderas del cerro La Popa, encuentro obligado con la mirada de los turistas que aterrizan en el aeropuerto internacional Rafael Núñez, puesto que casi colinda con el aeródromo.
Ese fatídico día a los moradores de San Francisco se les vinieron –literalmente- las casas encima, haciéndolos salir a las volandas, dando inicio a la otra tragedia en que se constituye buscar un sitio donde guarecerse. En cada casa vivían entre dos y cinco familias, en un promedio de 2.5 por vivienda, por lo cual el número de damnificados puede superar fácilmente las doce mil personas, correspondientes a cerca de dos mil cuatrocientos núcleos familiares y con la destrucción aproximada a mil casas. La tragedia es de una magnitud desproporcionada equivalente a más de dos Gramalotes, aquel municipio de Santander del Norte, desaparecido por una falla geológica que dejó 2.500 damnificados. El director de Gestión de Riesgo del Ministerio del Interior, Carlos Iván Márquez, lo comparó con los desastres del terremoto de Haití.
El barrio San Francisco es un asentamiento que comenzó a consolidarse hacia los años de 1960 cuando el desaparecido Instituto de Crédito Territorial, con el fin de mejorar los ranchitos y chozas que los habitantes fueron levantando, tomó la decisión de construir viviendas y de esa manera ir legalizando lo que inició como una urbanización informal, incorporando las propiedades a las bases del catastro para el pago de los respectivos impuestos y los servicios públicos. De esas viviendas construidas oficialmente se derrumbaron cerca de 350, dijo la alcaldesa Judith Pinedo. A cada familia la están subsidiando con 200 mil pesos con lo cual esperan resolver el problema inmediato de alojamiento, pero los afectados alegan que no les alcanza para los arriendos, y el gobierno nacional prometió 115 mil millones de pesos para una solución definitiva de vivienda.
Inicialmente las autoridades informaron que el desastre lo había causado una falla geológica pero Gillian Barbosa Miranda, docente de Geotecnia de Ingeniería Civil de la Universidad de Cartagena, desestimó dicha hipótesis y aseguró que la causa fue la construcción de viviendas sobre humedales rellenados hace más de 30 años: “los humedales eran alimentados por las aguas lluvias que bajaban de las laderas, tanto superficialmente como interiormente, por lo cual se produjo un movimiento de masas de tierra producto de factores como la intervención inapropiada en la parte inferior de la ladera, que le quitó el proceso de filtración de drenaje a la zona, fenómeno que se acompañó con deforestación, excavación y construcción rudimentaria de viviendas en la parte superior”, dijo. El desastre de San Francisco estaba previsto, al punto que en el pasado noviembre salieron más de 200 familias y los habitantes denunciaron, a través de los medios de comunicación, que sus casas se estaban derrumbando.
El problema es más grave, porque Cartagena tiene más de 250 mil habitantes que habitan en iguales o peores condiciones que los de San Francisco, cuyos ranchos han sido levantados sobre humedales que se secan por el verano o por causa del fenómeno climático pero cuando aumente la precipitación fluvial pueden padecer peores condiciones; tal es el caso de sectores como San Bernardo, 20 de Julio, Loma del Marión, Salto del Cabrón, Loma del Diamante, Lo Amador, Nueva Granada, Manzanares y gran parte de la zona Suroriental. Esto sin contar las inundaciones que padecen los barrios históricos y turísticos.
Cartagena se encuentra “sobrediagnosticada”, con todo tipo de estudios que se repiten para quedarse con los recursos del erario, pero las soluciones no aparecen ya que siempre ha sido gobernada, con muy contadas excepciones, por unos dirigentes que han puesto su interés particular o de partido por encima del interés general, pero que además están dotados de “mente chiquita y atrasada”, incapaces, incompetentes y corruptos.
¡Que la tragedia de San Francisco valga para combatir la negligencia, incapacidad y corrupción en las próximas elecciones!