Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, Ibagué, octubre 1 de 2002.

Cuando terminó la década de los 90 con la borrasca de la apertura, que borró de un tajo cultivos transitorios como el maíz, algodón, sorgo y soya entre otros, y dejó agonizando el café, arroz y hortalizas, no mencionando el trigo que desapareció por la misma causa en la década de los 60; los arroceros pensábamos que ya lo peor había pasado, nuestros mayores problemas eran los insumos y los costos del cultivo que incrementaban su precio en un 20 por ciento anual mientras el de nuestras cosechas únicamente se incrementaba a la mitad de esa tasa, colaborando siempre con la baja inflación que proyectaban los diferentes gobiernos.

Sufrimos mucho con la importación de arroz del Ecuador y de Estados Unidos, además del contrabando; ni que hablar del calvario de la sobreproducción del Meta y Casanare a mitad de año, siempre lo llevamos a cuestas bajando nuestros precios cíclicamente, pero a pesar de todo habíamos logrado subsistir con márgenes de rentabilidad muy bajos. En este año al bajar el precio del arroz en el mes de agosto de 67 mil a 63 mil pesos la carga de paddy, ni siquiera la intervención de la Federación de arroceros en la compra de 50 mil toneladas de paddy hizo mover el mercado, lo cual habíamos anunciado, a la gran molinería y a los comerciantes no los ha inmutado esa medida, al gobierno menos; por esta razón a principios de septiembre nos alarmamos con la noticia de la importación de 150 mil toneladas de arroz del Ecuador que llegarán a partir de febrero del 2003, la explicación es que nunca nos habían anunciado esta maldición con tanta anticipación.

Nunca pasó por nuestra mente que al menú de males anteriormente mencionados se le podrían adicionar otros peores. ¡Pues sí! Pensamos que con el pretendido ingreso de Colombia al ALCA, el gobierno iba a velar por hacernos más competitivos. ¡Pues no! Imagínense que la Reforma Tributaria que presentó el gobierno la semana pasada, a consideración del Congreso de la República, donde se grava toda la cadena del arroz, desde el impuesto al patrimonio (o sea a nuestras tierras y viviendas), y a la renta, hasta el IVA del cinco por ciento para el agua de riego, semillas y siembra de cosechas, arrendamientos, fumigación aérea y terrestre, o sea los de los cacorros o bombas de espalda, es decir los más pobres de los pobres; la trilla y secamiento de productos agrícolas, asistencia técnica del sector agropecuario, maquinaría agrícola, recolección, preparación de la tierra, insecticidas, herbicidas, fungicidas; abonos químicos, nitrogenados, fosfatados y potásicos; administración, operación y conservación de los distritos de riego, es decir, toda la cadena de producción del arroz, lo cual nos representa la bobadita de más de 200 mil pesos por hectárea, lo que significa, toda la rentabilidad que daba un cultivo de arroz con producción de 120 bultos por hectárea que no es nada fácil de producir, con los costos de cultivo que habían antes del incremento de los insumos que hubo en el mes de agosto (entre el 6 y 8 por ciento). Lo que significa ni más ni menos, que la desaparición de la viabilidad del cultivo de arroz.

¡Pero ojo!, que no todo termina aquí, además de gravar toda la cadena de la producción y algunos insumos y servicios doblemente, también gravan con IVA del cinco por ciento el producto terminado, o sea, el arroz blanco y empaquetado.

Este adefesio o proyecto de Reforma Tributaria nos debe unir a todos los agricultores con el propósito de que sea retirado del Congreso de la República y más bien presenten uno que conceda todos los estímulos y subsidios no solamente al arroz, sino a todos los cultivos, sí es que pretenden que algún día Colombia se integre en la globalización al Area del Libre Comercio de las Américas ALCA.

Con costos en los insumos agroquímicos superiores en un 50 por ciento a los que tienen nuestros países vecinos con los cuales nos pretenden integrar, y adicionándole una Reforma Tributaria de este corte, terminamos de perder lo que nos queda de la seguridad alimentaria y de la soberanía en el agro colombiano.

ANGEL MARIA CABALLERO
Presidente

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