26 DE FEBRERO DE 2006

Después de mentirle durante un lustro a los estudiantes, profesores y trabajadores, a barranquilleros y atlanticenses, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez cerró la universidad del Atlántico, liquidó a sus 439 empleados, pensionó 251 profesores e incrementó, brutalmente , el valor de las matrículas. Para realizar semejante alevosía contó con la connivencia del gobernador Carlos Rodado Noriega, de la asesora presidencial Cecilia Álvarez Correa, la mayoría del Consejo Superior y del ogro ejecutor de la medida, Ana Sofía Mesa, rectora (e) del Alma Máter.

Los sesenta años de existencia de la Universidad, su prestigio, su acogida en todos los rincones de la costa, su calidad académica, sus reconocidos grupos investigativos y los resonantes resultados en las pruebas ECAES, de nada sirvieron. A la Universidad del Atlántico había que acabarla y como obstáculo que era para la política imperialista de globalización y TLC debía derribarse. Y lo hicieron, aplicándole la misma dosis de la medicina neoliberal que le suministraron a Puertos de Colombia, a las Empresas Públicas Municipales, a la Empresa Distrital de Telecomunicaciones, al Hospital Universitario, a Corelca, a la Electrificadora del Atlántico y al Instituto de los Seguros Sociales. A la capacidad destructora de la política neoliberal no se le escapa nada. Ni los símbolos que representan el progreso, el desarrollo y avances de los pueblos se salvan. Estos íconos hay que borrárselos a la ciudadanía de las mentes y dejarles el mensaje que nada es eterno, que no hay nada que no se compre o se venda, que todo es un negocio, sujeto a las leyes de la oferta y la demanda o a las manos invisibles, ni tan invisibles, del mercado o de los monopolios.

El “duro golpe al alma” que le asestaron a la comunidad de la costa con el cierre de la Universidad lo han justificado con las “inmensas proporciones” que ha alcanzado el problema financiero de la misma, causado, según la Administración Uribe Vélez, por las “excesivas” prebendas de profesores y trabajadores y por los insignificantes valores que pagan los estudiantes por matrículas, que la llevaron a suscribir un acuerdo de reestructuración de pasivos. Esta falacia, acogida por la clase dirigente de la ciudad, fue difundida hasta el cansancio en los medios de comunicación hasta hacerla aparecer como cierta. Esta es el arma predilecta de los regímenes autoritarios o dictatoriales. Fue esgrimida con eficacia en todos sus actos por Adolfo Hitler. Pero también fue utilizada por Benito Mussolini, Francisco Franco, Augusto Pinochet, Alberto Fujimori y, más recientemente, por George Bush y Álvaro Uribe. La máxima que aplican es “calumniad, calumniad, que de la calumnia algo queda”. Este fue el aforismo usado contra los trabajadores, profesores y estudiantes de la Universidad. A consecuencia de ello hoy los verdaderos responsables de la crisis de la U están con las manos limpias, como Pilatos, y los inocentes con toda el agua sucia encima, sin trabajo y sin clases.

Pero por mucho que el gobierno de Uribe trate de eludir y negar su responsabilidad en la crisis de la Universidad, por muchas cortinas de humo que levante, los hechos lo condenan. Y están ahí con su tozudez. No es sino cotejarlos para comprobar la realidad. Las cifras lo demuestran y hablan por si solas. Si observamos los giros realizados por el gobierno nacional para el rubro de pensiones éstos alcanzaron la cifra récord de 32.857 millones de pesos en el año 2002, después de un irregular comportamiento desde 1997 donde en unos años suben y en otros bajan. Para el año 2003 el gobierno debió enviar, por efectos de inflación, una cantidad mayor o, por lo menos, igual a la del anterior. Pero no. Únicamente giró el 28.1%, es decir, 9.238 millones de pesos. El gobierno retuvo, le desconoció, le birló a la Universidad 23.619 millones. Para el 2004 el recorte fue del orden de los 29.185 millones, en el 2005 de 24.512 millones. En tan solo esos tres años los recortes en los aportes de pensiones alcanzan la bicoquita de nada menos que de 77.316 millones, como producto de la aplicación del despótico convenio de concurrencia, que le permiten además a la nación reducir de 83.78 a 75.6% el porcentaje de distribución de los aportes, lo que significa que en pensiones el gobierno va a dar cada día menos plata, esto sin mencionar el recorte a las transferencias al constituirse la bolsa común de recursos distribuibles por indicadores, el no desembolso de los 30.000 millones incluidos en el presupuesto general de la nación en 2006 y la negativa del gobernador Carlos Rodado de cancelar la deuda de más de 7.258 millones de pesos que tiene el Departamento con la Universidad. La Universidad ha sido cercada y asfixiada económicamente para imponerle una reestructuración académica, financiera y administrativa con el fin de privatizarla, lo que se evidencia con el alza exorbitante de las matrículas, de más del 350%, para los estudiantes antiguos de la Facultad de Derecho.

La Organización Colombiana de Estudiantes-OCE- llama al estudiantado a rechazar las medidas autoritarias del gobierno de Álvaro Uribe de cerrar la Universidad del Atlántico, despedir a trabajadores y profesores, a organizar la resistencia civil y a luchar por:

1. Una financiación estatal y adecuada para la Universidad del Atlántico

2. Una remuneración del profesorado acorde con su calidad académica y defensa de sus reivindicaciones laborales.

3. Rebaja de matrículas a nivel de 2006 y progresivamente hasta su gratuidad.

4. Un Consejo Superior integrado mayoritariamente por profesores y estudiantes, elegidos democráticamente.

5. La no suscripción del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

6. El reintegro de los trabajadores y profesores con todos sus derechos y garantías laborales y sindicales.

7. La defensa de los derechos democráticos de los estudiantes y el pueblo colombiano.

CONTRA EL CIERRE DE LA UNIVERSIDAD: RESISTENCIA CIVIL

NO TLC

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