Puerto Bahía es un proyecto multimillonario detrás del cual se encuentra la petrolera canadiense Pacfic Rubiales Energy Corp., que entregó las obras a un consorcio extranjero. Este nuevo sistema portuario le resolverá a las patroleras, especialmente a la Pacific -dueña de un tercio de la producción de petróleo del país- el problema del embarque y la exportación de crudo y gas hacia la región del golfo de México y sus nuevos clientes en Europa y Asia. Este proyecto portuario constituye un paso más de la multinacional canadiense en su carrera por acaparar los principales proyectos estratégicos del sector de los hidrocarburos.
Actualmente la canadiense es el segundo socio de lo que es el más ambicioso y avanzado proyecto de transporte de crudo del país, el Oleoducto Bicentenario, que se prevé trasportará en sus redes entre 120 mil y 170 mil barriles de petróleo diarios desde Yopal-Casanare hasta los ductos de Caño Limón Coveñas para su exportación en el puerto sucreño, y su transporte hacia Puerto Bahía a través de las tuberías del Oleoductos del Caribe.
Con Puerto Bahía, la Pacific Rubiales Energy Corp., avanza en su tendencia monopólica. Consolida su presencia en el terreno de la explotación directa de hidrocarburos, en el control del transporte y de la infraestructura portuaria, posicionándose como la segunda compañía más poderosa después de la estatal Ecopetrol. Pero su codicia no tiene límites. Acaba de echarse al bolsillo a la también canadiense Petrominerales, tiene en la mira a la firma Canacol que proyecta producir en 2014 17.2 millones de pies cúbicos de gas por día y viene incursionando paulatinamente en el sector eléctrico.
Esta multinacional canadiense tiene un pasado y un presente oscuro. La compañía fue fundada por los venezolanos Ronald Pantin y por su actual presidente José Francisco Arata. Ambos fueron expulsados de ese país por haber liderado el paro patronal de la petrolera estatal PDVSA en 2002 y por haber conspirado para derrocar al gobierno de Chávez.
Es conocida también la tradición antiobrera y antisindical de esta compañía que en 2011 reprimió brutalmente el paro de Campo Rubiales-Meta, valiéndose del ejército para sofocar las protestas de los trabajadores que en ese momento reclamaban negociar una justa convención colectiva. Ha sido acusado también en repetidas oportunidades de daños al medio ambiente en las comunidades y territorios en los que hace presencia, sobre todo en la comunidad de Puerto Gaitán-Meta.
En Puerto Bahía la petrolera canadiense ha sacado su expediente antiobrero. Otorgó a un consorcio mexicano y español la ejecución de las obras del nuevo puerto los cuales han vinculado a una serie de empresas contratistas que actúan en concordancia con la política de reducción de costos de producción implementada por la Pacific y que afecta principalmente a los trabajadores.
Las contratistas aplican la tercerización laboral, vinculando personal mediante bolsas de empleo y cooperativas, reina la inestabilidad laboral y los pésimos salarios son el denominador común. Las quejas y reclamos de los obreros del proyecto son la constante. La mayoría de los trabajadores devengan un salario mínimo. Algunas contratistas retrasan el pago de las quincenas y niegan bonos a muchos obreros. Hay iniquidad en el proyecto en materia de salarios dado que a los trabajadores extranjeros, sobre todo polacos, españoles y mexicanos, ganan hasta 7 y 8 veces el salario de un colombiano realizando los mismos oficios. Faltan ayudantes en algunas áreas del proyecto, y son ya protuberantes los problemas de seguridad industrial y de dotación.
Esa es la Pacific Rubiales Energy Corp. Puerto Bahía se desarrolla además en uno de los sectores más pobres y abandonados de Cartagena, ubicado al sur de la Bahía, la isla Barú y el corregimiento de Pasacaballo, poblaciones que sufren de hambre, sumado a que les falta el hospital y el agua potable. Lo único aportado por la Pacific ha sido la construcción un puente que une la Bahía con la isla Barú, que tiene lapidados a los trasportadores fluviales nativos los cuales verán arruinados sus negocios por cuenta de un puente que ha sido proyectado para mejorarle el negocio a las grandes cadenas hoteleras internacionales que se han tomado la isla.
Los obreros de Puerto Bahía y los habitantes de los corregimientos circunvecinos deben levantarse en contra de la Pacific Rubiales, el consorcio y las empresas contratistas para exigirle al proyecto respeto por la clase trabajadora y por los pobladores de este sector de Cartagena. Esa es la tarea.
¡No a la prórroga del contrato de concesión Campo Rubiales a Pacific Rubiales!