José Arlex Arias, Cartagena, junio 20 de 2017
Todo lo que va mal es posible de empeorar. La situación económica, social y política de los colombianos cada día es más crítica. No se trata del discurso manido de un opositor, o de alguien que simplemente no gusta del presidente Santos. No, se trata del recalentamiento, de la ralentización no solo de la economía sino también del retroceso en casi todas sus actividades. Eso es lo que señalan las encuestas ordenadas, incluso por los beneficiarios de las políticas neoliberales del presidente Santos. La última de ellas, elaborada y financiada por Yanhaas, realizada los días 7, 8 y 9 de este mes, la cual no tuvo trascendencia en los grandes medios de comunicación, mostró la preocupante tendencia de deterioro del país, que al final arroja una conclusión: la aprobación del presidente Santos es apenas del 12 por ciento, con una desaprobación del 81 por ciento, quizás el nivel más bajo de favorabilidad de un presidente en la historia de Colombia e incluso el presidente más desacreditado actualmente del continente americano, peor que la imagen de un troglodita como Donald Trump.
Esa imagen desfavorable de la gestión del presidente Santos no es por simple animadversión, enemistad o antipatía, ya que tiene consigo a los principales medios de comunicación, además de que el proceso de paz le permitió cooptar a muchos de sus opositores, sino porque la imposición de políticas neoliberales está haciendo aguas y causando graves estragos en la población, específicamente en la parte económica. Eso indican los resultados de esta encuesta: 91% de las personas dice que su progreso está estancado o en retroceso; 24% de los empresarios asegura que la percepción económica es mala o muy mala; el 61% aduce que la política de empleo es mala o muy mala; y solo un 10% asegura que la expectativa de consumo es buena o muy buena; pero además, el 84% rechaza la implementación de la reforma tributaria.
Un país que tiene a la población en medio de un empleo precario, todo “tercerizado”, sin estabilidad laboral ni de ingresos fijos, en una informalidad del rebusque y con una economía recalentada que está creciendo por debajo del promedio, solo puede arrojar pesimismo, como efectivamente concluye la encuesta: al evaluar el estado de ánimo de las personas, el 79% dice que va por mal camino, lo que coincide con la evaluación del país, en la que ese mismo 79% indica que Colombia va por mal camino; y lo peor es la escasa expectativa de futuro de la población, ya que solo el 16% es optimista sobre el futuro, en un país que nos venden como uno de los más felices del mundo.
De un análisis simple de esta encuesta se encuentran las razones por las cuales al presidente Santos se le viene encendiendo la pradera: no se trata de que haya un plan para desestabilizarlo o tumbarlo, como sí sucede en Venezuela; se trata de la reacción lógica de una población agobiada por las necesidades insatisfechas y la angustia del rebusque del diario vivir, lo cual no siente ese grupo selecto de beneficiados, que con los grandes medios de comunicación azuzan la represión contra quienes osan reclamar mejores condiciones de vida. Tal como van la cosas, ¡peor sí es posible!