Aurelio Suárez Montoya – Unión Cafetera Colombiana-RECALCA-Colombia, noviembre 18 de 2003
– ¿Por qué retomar la experiencia de la crisis cafetera colombiana en el marco del libre comercio? Es un estudio de caso que enriquece la discusión sobre los efectos del actual libre comercio de productos agrícolas. Muchas veces es soslayado por los neoliberales que no se detienen en él pero, a la vez, siguen recomendando someter las economías de los países pobres y de ingresos medios del mundo a ese modelo.
– En gracia de discusión admitamos lo que algunos teóricos norteamericanos, como Robert Bates, señalan como resultado práctico del mercado regulado del café en Estados Unidos , mediante el Convenio Internacional de Cuotas, que tuvo vigencia desde 1962 hasta 1989: la constitución de dos oligopolios, uno, desde la demanda, conformado por Kraft y Procter, y otro, desde la oferta, constituido por Brasil y Colombia.
– Esto último sirve de sustento para mostrar que la posición dominante del café colombiano, compartida con Brasil, era su principal antecedente antes de la implantación de “las leyes del mercado” en 1989. Además de lo anterior, el grano colombiano era reconocido por el 48% de los consumidores como “el más suave”, que contaba con unas instituciones de fomento, comercialización interna y externa garantizada, flota de transporte marítimo, entidades financieras de apoyo, centros de investigación tecnológica- que habían atendido con éxito emergencias fitosanitarias como las causadas por la roya- y muchos otros soportes para los cafeteros que se conservaban en un patrimonio autónomo que valía cerca de 1.300 millones de dólares de comienzos de 1990. Así mismo, junto con Costa Rica, tenía los cultivos con más alto nivel de productividad por unidad de área, de mayor tecnificación. El café colombiano tenía todo lo que está envuelto en el concepto económico tan nombrado por el neoliberalismo: la ventaja comparativa
– Después de una decena de años, la historia del café colombiano es una tragedia. En esta cosecha anual, 2002 / 2003, volvió a ser desplazado por un origen casi desconocido como productor cafetero en 1989: Vietnam. Ya Colombia sólo es menos del 10% de la oferta exportable, su producción se redujo en un 40%, se han erradicado casi 300.000 hectáreas de cafetales, se han suprimido 200.000 empleos fijos directos, el poder de compra del hogar campesino -que son el 95% de los 560.000 productores- de bienes de consumo –incluidos los alimentos- e insumos se ha reducido a la mitad, la rentabilidad de los empresarios que responden por el 40% de la producción es negativa o cercana a cero y el gran patrimonio institucional apenas vale algo más de 200 millones de dólares. La pobreza cobija a más del 60% de los habitantes de las regiones principales del cultivo y más del 80% en las zonas rurales, la zona cafetera es donde más ha crecido la pobreza y la indigencia en todo el país, en los últimos años a un ritmo casi el doble del resto de la nación.
– Como un asunto final vale resaltar que la suerte sufrida por el café colombiano también la han vivido en mayor o menor grado los cafés de calidad arábiga, como los costarricenses, los segundos grandes perdedores del mercado libre, sustituidos por los llamados robustas, que también hoy se están empezando a sembrar en México, éstos pasaron, en una década, de participar con el 30% del consumo a ser el 40%.
-El primer resultado del proceso de libre cambio en el café no sólo ha tenido perdedores. En el bando de los ganadores, en el que no incluyo a los vietnamitas que transan café a sólo algo más de 20 centavos de dólar por libra, están los oligopolios comercializadores, al por mayor y al detal, e industriales. Este sector, por ejemplo en Estados Unidos, en 1992 pagó 1.362 dólares en promedio para todo tipo de presentación, por tonelada métrica de café, en 2002 pagó 1.367 dólares y ya en 2001 había pagado 1.363. En términos reales, hoy paga mucho menos por el café que hace diez años y, si comparamos esa cotización con la de un año relativamente positivo como 1997, cuando fue de 3.474 dólares, la rebaja es del 80%.
-Y no se puede dejar de nombrar al mayor ganador de todos: los Tesoros de los países consumidores, los cuales en forma de impuestos se quedan con el 23% de la renta cafetera que proviene de una taza de las que muchos de nosotros tomamos hoy en Miami antes de entrar a este panel. Los 25 millones de productores de un negocio que vale 70.000 millones de dólares, apenas recibimos 5.000, un 8%.
Cuáles son las enseñanzas de esta amarga historia?
– El mercado del café, como la mayor parte de los mercados, en particular los de productos agrícolas y una porción muy importante de las manufacturas, sufre con rigor los efectos de las características principales de la organización económica mundial actual: 1) sobreproducción, hay casos como el azúcar, la leche, el maíz, entre otros, donde ésta es tanto o más marcada que en el caso del café. 2) baja demanda: la naturaleza de estos bienes es de por sí inelástica con relación al ingreso y esto agrava las secuelas de la sobreoferta pero si a ello agregamos los mayores niveles de pauperización y pobreza que vive el mundo contemporáneo, el nivel de consumo insuficiente agrava más el desequilibrio. 3) el capital financiero especulativo: la globalización ha sido principalmente de flujos de capital financiero y éstos no sólo bañaron los negocios sucios y limpios de los valores tecnológicos o de las firmas energéticas de Wall Street sino también a los mercados bursátiles de commodities, donde son los reyes. Bajo estas características del actual orden mundial no podían ser más dolorosos los destinos de los países productores de café.
-No obstante lo anterior, esas adversas condiciones se empeoran con dos elementos adicionales. Uno ya mencionado y otro que está en el trasfondo de todo el problema, que no por lo oculto deja de ser lo principal. El primero es el altísimo nivel de concentración de la comercialización al por mayor y al detal en los grandes mercados, algo afín a casi todos los productos agrícolas. Nombres como Cargill, Archer Daniels Midland, Nestlé, Altria, Conagra o Unilever son comunes para los diversos productores, de café o de aceite vegetal, de soja o de trigo. El segundo, el peor de todos, es el designio político, en asocio con los fuertes poderes económicos, de imponer a los países los cultivos de los géneros según convenga a las potencias. Vale reeditar la conocida frase: “Tal vez ustedes crean, caballeros, que la producción de café y azúcar es el destino natural de las Indias Orientales. Hace dos siglos la naturaleza, que no se preocupa por el comercio, no había plantado allí ni caña de azúcar ni plantas de café”.
– Está suficientemente explicado cómo, en contra de lo previsto, un llamado producto de ventaja comparativa no triunfó en la economía libre e integrada. La globalización resultó ser, en vez del predominio de la calidad y la productividad, en una aguda confrontación entre los distintos productores, confrontación que se resuelve con precios a la baja a favor del oligopolio comercializador e industrial. Una competencia entre pobres, “la más dañina de las competencias”.
-La globalización no significa sólo “otro nombre para el papel dominante de los Estados Unidos”, como lo anotó Henry Kissinger, sino también la más brutal competencia entre las naciones del SUR para sobrevivir en ese marco, colocándose al servicio de los planes correspondientes. Precisamente, un estudio de la Comunidad Andina de Naciones – CAN- sobre las perspectivas del ALCA reitera que “a los países desarrollados las exportaciones siguen siendo eminentemente de carácter primario…”, o que “ No resulta adecuado entonces aceptar una relación directa entre acceso preferencial en un mercado con el crecimiento, potenciación y diversificación de las exportaciones…”.
– EN EL MARCO DEL ALCA
De todo lo anterior no puede concluirse más que el ALCA va a endurecer la forzosa especialización de las economías agrícolas de los países tropicales del centro y el sur del Continente y, por ende, arrebatarles en esa especialización a la brava su capacidad productiva para otros géneros en particular de los que constituyen la dieta básica alimenticia de la población.
¿En manos de quien va a quedar la facultad de alimentar a la población de estos países destinados a la elaboración de materias primas agrícolas que en las zonas templadas no puede hacerse? En manos de las poderosas corporaciones de la elite financiera del Norte del continente poseedora de los emporios comerciales, productivos e industriales que hoy ya tienen la parte del león en el negocio. La sentencia de la secretaria Ann Veneman, pronunciada en audiencia ante la Cámara de Representantes es muy clara :
“El ALCA permitirá a productores y exportadores de Estados Unidos un mayor acceso a los 450 millones de consumidores fuera del NAFTA. En tres países (Argentina, Brasil y Chile) se agregarán otros 50 millones de consumidores de clase media, con ingresos crecientes, una fuerte demanda para los productos alimenticios importados… El ALCA aumentará nuestras exportaciones agrícolas hacia el Hemisferio en US $1.500 millones de dólares anuales. Las ganancias se deberán… a nuestro sector de granos, especialmente el trigo y los granos forrajeros. También… productos hortícolas y procesados…”
– Y, ¿Quiénes son esos “productores y exportadores” que tendrán mayor acceso? Son las corporaciones campeonas de la globalización “Muchas agroindustrias que operan en América del Norte aprovecharon los nuevos derechos a acceso al mercado para productos agropecuarios y las nuevas protecciones que NAFTA (TLCAN) dio al inversionista y comenzaron a consolidarse rápidamente”. Los que aquí estamos sabemos de sobra a quienes nos referimos. Una parte de su consolidación obedece a su gran poderío financiero a su relación con los círculos principales del poder y otra porción , nada despreciable, la explica un estudio al respecto de la organización OXFAM: “Es preciso anotar que dichos subsidios opulentos no llegan a los pequeños productores norteamericanos, sino que se concentran en beneficio de las grandes empresas agrícolas. El 60% de los pagos directos se destina a tan sólo 10% de empresas agrícolas, que son dueños de enormes operaciones comerciales. De otro lado, el 50% de los agricultores recibe poco o ningún apoyo estatal. Es particularmente significativo el ejemplo de los barones del algodón del Oeste de Texas, quienes obtuvieron US $ 3.600 millones el año pasado en subsidios, más de lo que recibieron por vender el algodón”
-Varios autores también, como Public Citizen, afirman que el descenso del ingreso agrario en Estados Unidos hizo que, durante los siete años del TLCAN, desaparecieran 33 mil granjas con ingresos menores a 100 mil dólares y, según Peter Rosset:
“el productor familiar en Estados Unidos es una especie en extinción, ya que el precio que recibe por su cosecha está por debajo de su costo de producción; y en cambio, los grandes productores reciben un subsidio que muchas veces es mayor que su ingreso total por la venta de su cosecha”. Rosset agrega que “el promedio global de subsidio es de 20.000 dólares por productor, pero hay quienes reciben sólo 400 dólares y otros que obtienen 500.000 al año”.
OXFAM también agrega: “Los agricultores que producen para el mercado nacional en México o Bolivia no están compitiendo con los agricultores de los Estados Unidos sino con las corporaciones que exportan alimentos, las que son las principales beneficiarias de los subsidios y demás políticas agrícolas de EU. La concentración de la propiedad y la integración vertical en la agricultura tienen enormes implicaciones para América Latina y el Caribe.”
-Devinder Sharma, un experto en políticas agrícolas y comerciales, denuncia:
“los beneficiarios de las subvenciones agrícolas en 2001 incluyeron también a Ted Turner y David Rockefeller… El hombre más rico del Reino Unido, el Duque de Westminster, que es dueño de alrededor 55.000 hectáreas de terreno agrícola, recibe una media en subvenciones de 300.000 libras esterlinas en pagos directos y por añadidura 350.000 libras más al año por las 1.200 vacas lecheras que le pertenecen”
Y también:
“los 25.000 productores estadounidenses de algodón recibieron aproximadamente 3.900 millones de dólares en ayudas, para producir una variedad de algodón que sólo valía 3.000 millones en el mercado mundial. (Un productor de algodón en Arkansas recibió 6 millones de dólares, lo que equivale a las ganancias anuales de 25.000 cultivadores de algodón en Malí)
– Ahora bien, y para concluir, en el hipotético caso de que tales subvenciones se suprimieran por el arte de la magia de “los tratados simétricos”, ¿Podría pensarse que ninguna de las desgracias ocurridas volviera a suceder? ¿Recuperarían los países del Sur plenas posibilidades de ejercer su soberanía alimentaria? ¿No se les conculcaría ese derecho?
– Los subsidios agravan las diferencias entre las economías pero su supresión no las elimina. Para cualquier ciudadano del mundo es evidente que la dotación de recursos es totalmente desigual y, en últimas, el comercio exterior es la exportación de esos recursos. Por tanto, en esas circunstancias nadie podrá hablar hoy de competencia perfecta. Las economías de escala que logran los países más tecnificados y de mayor mercado interno establecen una competencia imperfecta que tiende al monopolio. Así el costo de los factores, el trabajo, la tierra y el capital, se vuelve determinante en ella, (Colombia, incluido Brasil, en términos de precios relativos con otros países tiene claras desventajas) mas no sólo eso, también la estabilidad de la política económica o los presupuestos de los gobiernos – la proporción del de Colombia con el de Estados Unidos es de 1 a 1.639 veces- . La misma FAO ha previsto:
– “Una mayor liberalización beneficiaría principalmente a los países desarrollados”, argumentando que la liberalización, al ir eliminando gradualmente las subvenciones, traería incrementos modestos en el precio de los productos, pero no lo suficientes para permitirles pasar de importadores netos a exportadores netos. Lo máximo que podría suceder es que “los países en desarrollo pasarán a ser cada vez más importadores netos de productos agropecuarios, sólo que el proceso fuese más lento”. Estudios de la revista The Economist y del FMI ratifican lo expuesto.
– En Colombia decimos que “la fiebre no está en las sábanas”; es decir, la causa cardinal del fracaso no se ubica en factores adjetivos está en el orden mundial vigente, el cual no podrá corregirse sino con la decisión autónoma de los países para decidir su destino, comenzando con la de fortalecer su propio mercado interno, desarrollar sus energías productivas y adelantar las relaciones internacionales que decidan de manera independiente.