Aurelio Suárez Montoya – Unión Cafetera Colombiana-RECALCA-Colombia, noviembre 19 de 2003

– Los siguientes datos dan una idea de lo que pasó con la agricultura colombiana entre 1991 y 2001, con la aplicación de la apertura económica que sometió al país al libre comercio de mercancías agropecuarias, aplicada con rigor por los cuatro últimos gobiernos:

– El PIB agrícola creció entre 1995 y 2001 a un promedio del 1,5 anual, mientras la economía en su conjunto lo hizo al doble, participa con el 14,5% del PIB, por encima de la industria, la construcción, el comercio y la minería, viven en el campo 12 millones de colombianos y cerca del 85% está por debajo de la línea de pobreza, después del comercio es la principal fuente de empleo con cerca de 3, 5 millones de puestos de trabajo.

– La estructura de la propiedad rural en Colombia es así: De 2´132.808 predios, 1’450.000, el 68%, son menores de 5 hectáreas y ocupan apenas el 3,5% de la tierra, 550.000, el 25%, tienen entre 5 y 50 hectáreas y ocupan el 17% de la superficie, 128.000, el 6%, tiene entre 50 y 2000 hectáreas con el 38% de la tierra y 1.458, menos del 1% tienen el 42% de la tierra.

– Las áreas destinadas a cultivos de esos predios son más altas en los predios entre 5 y 200 hectáreas, en los de 500 a 1200 es sólo del 0,3%.

– En el periodo de la apertura, se pasó de 2’ 365.890 hectáreas de cultivos transitorios a 1’632.905 y de 2`225.508 hectáreas de cultivos permanentes a 2`291.485. En total, había 4’591.398 hectáreas cultivadas y quedaron 3’ 924.390, se perdieron 700.000 hectáreas de agricultura, aunque en transitorios la cifra es mayor, esa pérdida se compensó con el leve aumento de transitorios.

– Para los colombianos el peor menoscabo fue la disminución de la capacidad de producir sus alimentos. Las mayores rebajas se presentaron en cebada, fríjol, maíz tradicional, soja, sorgo y trigo. Y, escandalosamente, en algodón y algunas reducciones en arroz.

– Para la mayoría de estos cultivos se redujo la dotación por habitante lo que se subsana ahora con 7 millones de toneladas de productos agropecuarios importados, dos de cada tres colombianos nacidos en la década se alimentan con esas compras.

– Dichas importaciones valían 374 millones de dólares ahora valen 1.794, son responsables de una buena parte del déficit comercial del país y, por ende, del de su balanza de pagos. Las importaciones totales de los bienes agropecuarios crecieron en 479% y las de los procesados en un 524%. Mientras las exportaciones apenas lo hicieron entre 1.360 millones y 2.100 millones, un 54%.

– Después de 1995 con el sistema andino de franjas de precios, se logró alguna protección para cerdo, pollo, leche, trigo, cebada, maíz, arroz , soja, aceite de palma, azúcar, con un rango arancelario entre el 50% y el106%. ¿Pueden imaginarse lo que pasará en el ALCA si se desmorona esto que, al fin y al cabo, ha impedido un desastre peor? En leche hay, por ejemplo, 450.000 productores. En arroz 28.000, muchos de ellos campesinos de la modalidad secano manual y con parcelas inferiores a 20 hectáreas.

– A lo anterior debe agregarse que en el país desde finales del periodo de “crisis de la deuda”, la política agrícola pública ha ido en contra de los productores, es de claro corte neoliberal. Además de la apertura comercial, se acabaron todos los subsidios, se acabó el crédito de fomento, se eliminaron los precios de sustentación, se privatizó la comercialización eliminando el IDEMA, la comercializadora estatal que compraba y regulaba los precios de las cosechas y llevaba alimentos a los sectores sociales de ingresos medios y bajos. Se privatizó la asistencia técnica y la investigación, se acabó el control del precio de los insumos, la construcción de infraestructura necesaria.

– Ha de añadirse a esto una política económica acorde con el modelo neoliberal, con una política monetaria de baja inflación que se apoya, entre otros, precisamente en los bajos precios de la “comida importada”; es, prácticamente, una política de Estado. Con frecuencia se olvida la relación entre estas compras y la política monetaria del modelo, especialmente provechosa para atraer inversión extranjera.

– El país acabó con todos los elementos que la teoría señala como mínimos para fomentar la agricultura en un país. La tasa de cambio, crucial para esa tarea, ha estado sobrevaluada en la mayor parte de ese periodo. La política fiscal más reciente impuesta por el FMI ha empezado a colocar IVA a los insumos y productos del campo.

– El Equivalente de Subsidio al Productor –ESP- apenas vale la irrisoria suma de 600 millones de dólares, y la protección arancelaria cuesta 1.400 millones de dólares, concentrada en un 98% en 5 productos: palma, maíz, azúcar, arroz y leche.

– En los últimos años en Colombia han oscilado entre 120.000 y 180.000, las hectáreas de cultivos de coca. Se desplazan por varias regiones acorde se aplican las aspersiones con glifosato por vía aérea, es el único país del mundo que permite estos procedimientos. En la zona sur de Colombia crecieron estos cultivos después de la apertura en casi 50.000 hectáreas, cerca de las mismas que se dejaron de cultivar en agricultura. Hay una relación directa entre el modelo económico y el fenómeno de cultivos de coca.

– Casi todos los sectores se han empobrecido, la forma principal de lucha por la tierra se da en torno a la defensa de los pequeños propietarios muchos a punto de ser expropiados o en camino a la ruina.

– A lo sucedido, los neoliberales lo han denominado “cambio estructural” y a la generalización de la pobreza la denominan “efecto distributivo” y llaman a penetrar más en ellos. Y aquí vale resaltar que ese modelo y su prolongación y ahondamiento están prescritos en el PLAN COLOMBIA, que no es sólo un plan militar sino un plan de intervención general del país con aspectos económicos, sociales, institucionales y sectoriales tan agresivos o más que su componente “de defensa y seguridad”. Con estudios del Banco Mundial y de los tecnócratas de los centros de estudios afines al neoliberalismo (como decir el CATO INSTITUTE en los Estados Unidos) y con base en distintas teorías como las ventajas comparativas, la de “la comida barata”, el empleo por unidad de área, “el ataque a los terratenientes y a su renta”, y otras más traídas de los cabellos, convocan al país a apoyar el ALCA y el TLC con Estados Unidos.

– En el paraíso prometido colocan a los productos tropicales como la pitahaya, la granadilla y otros laxantes como competitivos o a los afrodisíacos como el chontaduro y el borojó como “especies promisorias”.

– Dejando de lado esas entelequias, vale decir que es muy claro que la agricultura colombiana va camino de su peor perdición, que la dirección hacia su franco debilitamiento está trazado y que no sólo con Estados Unidos y los productos que produce en común con ese país, los que pueden producirse tanto en climas tropicales como templados, tiene una derrota asegurada ( aunque USA también exporta café procesado); sino que entre las especies tropicales, en las cuales nos hemos empezado a especializar, la competencia con los demás es bastante reñida y nociva. El costo de oportunidad de los recursos básicos es muy alto en comparación con casi todos los demás; frente a Brasil, por ejemplo, y en el caso del azúcar, hay evidentes desventajas con relación al valor de la mano de obra, de la tierra y del capital. (efecto Stolper-Samuelson). La prohibición a la movilidad de la mano de obra agrava este problema para toda la zona ALCA, para no hablar de los insumos cuyo costo es dos o tres veces mayor que en el resto de países del ALCA.

-El perjuicio mayor será la culminación de la pérdida de la soberanía alimentaria del país, de su derecho a orientar la producción a atender la nutrición del pueblo colombiano, a convertirnos en importadores netos de comida, a no elaborar los 11 productos que constituyen la dieta básica, en ellos el Plan Colombia y los neoliberales declararon nuestra ineficiencia (véase Plan Colombia Capítulo II, “ Reencauzando la Economía”) . Esto último con un agravante: con una drástica reducción del ingreso, gestada por la depresión que el modelo va causando cada vez más, todos los gremios del país ya señalan, y lo vienen haciendo de tiempo atrás, que la demanda interna es su principal problema.

-El senador Jorge Robledo, en varios debates en contra del ALCA en el senado de la República, ha resumido una suerte de cronograma de quiebras de los distintos sectores agrícolas en caso de que el ALCA se ponga en marcha. Un balance final de ese cronograma daría que se perderían dos millones de hectáreas de producción, 6.5 millones de toneladas de leche al año, 560.000 toneladas de cerdo, 47 millones de toneladas de huevos, 92 millones de libras de pollo y 480 mil empleos más. Similares cálculos ha hecho para arroz, maíz, papa, caña de azúcar, palma y fríjol. Todo agravado en que, como se ha visto, el desmonte de los subsidios no es cosa fácil; pero aun sin ellos sólo se hace el proceso de quiebra un poco más lento.

– No sólo el Plan Colombia dictamina eso, también los acuerdos con el FMI y las condiciones para otorgar el sistema de preferencias ATPDEA y, de manera implícita y así se ha sabido por distintos medios, hasta el financiamiento de la deuda pública lo cual han mandado el BID y el Banco Mundial. Todos coinciden, de una u otra forma, con el pensamiento del secretario Powell: “ Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va desde el Polo Ártico hasta la Antártica, libre de acceso, sin ningún obstáculo ni dificultad para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”.

– Eso, según los dirigentes de Colombia, es inevitable.

– Aparte de la complicidad que tengan o no con los planes generales, su más grande desviación consiste en trocar las reales posibilidades que Colombia tiene para el desarrollo con base en un mercado interno de 43 millones habitantes contra la incertidumbre de los mercados externos de materias primas mineras o agrícolas tropicales en sobreproducción y de mano de obra barata que ensambla los insumos elaborados con alta tecnología en las metrópolis.

-Es un modelo que, sin duda, es muy análogo al impuesto al África en las épocas del colonialismo. Esos países africanos por el perfil adquirido desde entonces tienen una producción destinada en mayores grados a la exportación, en algunos casos casi toda, la impronta se les impuso desde entonces. Se olvidan las leyes y experiencias más elementales sobre el progreso de las naciones cómo se dan los procesos de acumulación nacional con el traslado de ganancias, así sea por la vía de los precios relativos, de los sectores primarios de la economía a los sectores manufactureros y de transformación y cómo entre ellos se dan las relaciones para desarrollar una producción armónica y creciente en oferta y demanda, conciliando ese crecimiento con el comercio exterior , exportando excedentes y comprando los bienes necesarios que las respectivas economías no estén, por condiciones naturales o por términos de racionalidad económica, en capacidad de producir. No, aquí todo se desarticula y descompone en aras del “embeleco exportador”.

– Dentro de sus “sesudos” análisis los técnicos del gobierno hablan de ganadores y perdedores. Entre los primeros ubican a los consumidores porque van a tener comida más barata. Y, entre los segundos, listan a los agricultores de los productos ya anotados más “los relacionados con la fabricación de maquinaria y equipo; madera; algunos alimentos; hilados y fibras textiles; algunos productos químicos; derivados del petróleo y el carbón; cauchos y plásticos; como también los dedicados a la fabricación de productos metálicos”.Con el ALCA, las importaciones se incrementarán el 10.07 % y las exportaciones el 6.3 % por ciento y con el TLC serán de11.92 % y el 6.44%, respectivamente.

– Del mimo modo el promocionado bienestar al consumidor se desmorona cuando a éste debe imputársele la contribución del IVA con la cual se compensará fiscalmente los 800 ó 500 millones de dólares dejados de recibir por la rebaja de aranceles. De acuerdo con los modelos econométricos de los mismos técnicos ese bienestar caerá de un crecimiento del .26% por las importaciones más baratas a un -0.20 después de impuestos.

– El Plan Colombia, concebido así de manera integral, es una pieza del andamiaje que conduce al ALCA o a la “recolonización” del país. Ésa es la óptica con la cual lo vemos, no sólo en su acepción más difundida y mucho menos como exitoso en su propósito contra los cultivos de coca. Si eso, de verdad, quisiera hacerse debería empezarse por modificar el modelo económico, que crea condiciones objetivas para que el mal se reproduzca.

– No sólo los subsidios y el libre acceso a mercados acabarán con la agricultura colombiana, los reglamentos de inversiones, servicios, propiedad intelectual (en medicamentos, semillas y agroquímicos) también contribuirán al desastre.

– En Colombia existen varias posiciones frente al ALCA: una, que pregona la “inevitabilidad” del acuerdo, otra, que guarda un silencio vacilante frente a lo que puede venirse, una más que coloca sus esperanzas en “saber negociar” y, finalmente, la que más de 20.000 colombianos, encabezados por la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria y las tres centrales obreras del país propagaron el 12 de agosto en la Plaza de Bolívar de Bogotá: “ ¡Soberanía Sí, ALCA, No !”.

Deja un comentario