El proyecto de ampliación de la Refinería de Cartagena -Reficar-, adjudicado a la firma contratista estadounidense Chicago Bridge and Iron, CB&I, es, según los expertos, el proyecto más ambicioso de la industria energética nacional de los últimos tiempos, y el de mayor envergadura de América Latina. Este proyecto, que trabaja en la construcción de 14 nuevas plantas de refinamiento de petróleo, ubicado en la zona industrial de Mamonal, calcula un importante incremento en la producción de gasolina, al pasar de 25 mil barriles diarios a 40 mil, y producir 110 mil barriles de diesel de los actuales 28 mil, lo que le permitirá a Ecopetro-Reficar aumentar sus negocios en los mercados internacionales.
Pero este proyecto, en el que laboran unos 14 mil obreros, viene siendo sacudido por una aguda polémica a raíz de los constantes retrasos en las obras y los enormes sobrecostos que trae consigo, que se estima en unos US 2.500 millones. Los retrasos han sido justificados con distintos argumentos por parte de CB&I, aun cuando el centro del debate se ha centrado en el tema de la sobrevaloración financiera del proyecto.
El 2006 la compañía suiza Glencore, primer socio estratégico de Reficar-Ecopetrol, a quién se le cedió el 50.1 % de las acciones de Reficar para capitalizar el proyecto, estimó en US 2. 700 millones el costo de la obra. Con el retiro de Glencore del proyecto en 2009, Ecopetrol cifró su valor incrementándolo a US 3.700 millones. De ahí en adelante los costos han subido vertiginosamente. Para diciembre del 2011 la Contraloría General estimó los gastos causados del proyecto en algo más de US 2.200 millones, siendo que a julio del 2012 el proyecto en su fase de construcción se encontraba en un preocupante 27%.
Hoy la inversión en la expansión de la refinería se tasa en US 4. 854 millones, con un sobre costo resultante de US 2.154 millones, cuando la parte de ingeniería y diseño de la obra aun no culmina, y la ejecución física total se encuentra a mitad de camino.
Los retrasos y sobrecostos han generado toda clase de reacciones, incluyendo a la USO y a los entes de control, especialmente la Contraloría.
Lo primero por decir, y que ha quedado al descubierto, es que la suiza Glencore, antes de devolverle a Ecopetrol su participación en el proyecto, actuó en concupiscencia con la Junta Directiva de Ecopetrol de la época y la cúpula de Reficar, para cederle el contrato a CB&I, muy a pesar de la poca experiencia de esta firma en proyectos de construcción de refinerías, sobretodo de la envergadura de la de Reficar.
Lo segundo es que el contrato suscrito entre Ecopetrol-Reficar y CB&I Colombia S.A. es de la modalidad “gasto-reembolso”, es decir, un tipo de contrato que garantiza a CB&I una paga fija por el proyecto, pero establece una figura adicional que extiende sin límites los gastos de inversión en el proyecto, reembolsables a CB&I, previo aporte de facturas. Esta figura es la grieta por la que CB&I le ha reclamado a Ecopetrol-Reficar financiación adicional por “sobre gastos” que según la compañía gringa ha incurrido con el proyecto y que ascienden a más de US 2 mil millones.
Esta situación ha prendido las alarmas de las autoridades. La contraloría General ha realizado dos auditorías en 2008 y 2011, y se alista para una tercera este año. De igual forma, la Procuraduría a puesto sus ojos en este proyecto.
Para rematar, CB&I subcontrata con terceros que se afirma, son empresas cuyos propietarios son personas vinculadas a la política local cartagenera. Tales contratos se celebran en Houston-Texas y no en Colombia, lo que extiende un nuevo manto de sospecha alrededor de CB&I y su decisiones en torno al proyecto.
CB&I debe explicar satisfactoriamente a las autoridades y al país las razones de los retrasos y sobrecostos del proyecto de expansión de la refinería. El gobierno nacional, en cabeza del Ministro de Hacienda, la dirigencia de Ecopetrol y Reficar deben hacer lo propio y demostrar que en este caso no se está actuando irresponsablemente o feriando los recursos del Estado, favoreciendo deliberadamente a la firma CB&I y a sus subcontratistas.
Finalmente, no resulte que al final este estratégico negocio que se ha venido montando con enormes sacrificios por parte de la nación y que viene impactando de manera directa las cuentas de Ecopetrol, derive en una nueva privatización de la refinería, como ya se hizo con la Glencore en 2006. Esta advertencia tiene asidero en la tendencia del modelo a subastar los principales activos del Estado y a desmantelar lo público, como se está orquestando con la venta de Isagen, uno de los principales patrimonios del pueblo colombiano.