Según “viajehistoria.blogspot.com/”, referenciado en el buscador Google, “la primera protesta popular de la que se tiene constancia tuvo lugar en el antiguo Egipto, el año 1166 a.C., durante el reinado del faraón Ramsés III. Los trabajadores que construían el sepulcro del soberano vieron mermada su ración diaria de víveres, arrojaron sus herramientas y se declararon en huelga. Los descontentos marcharon pidiendo que aumentaran su comida. Consiguieron que el faraón atendiese a sus reivindicaciones. La comunidad obrera de las tumbas reales desarrolló tres huelgas bajo el reinado de Ramsés III. En la última interrumpieron el trabajo y se dirigieron al templo de Tutmosis III en Medinet Habu, donde presentaron sus quejas, exigiendo que el propio rey fuera informado y proclamando: Tenemos hambre, han pasado dieciocho días de este mes… hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni aceite, ni pescado, ni legumbres. ¡Que nos den nuestro sustento!”.
Las manifestaciones y las luchas civiles de los pueblos y los obreros son las actuaciones más democráticas para reclamar y conquistar sus derechos; así ha sido y seguirá siendo en la historia de la humanidad, a pesar de que los impulsores –a su vez beneficiarios- del neoliberalismo han tratado de deslegitimarlas mediante su estigmatización, “macartismo” llevado al paroxismo al vincular las poblaciones manifestantes y sus dirigentes con el terrorismo, especialmente cuando enfrentan a los intereses particulares que protege dicho modelo. Estados Unidos es pragmático en ese maniqueísmo cuando entrega –a través de la OTAN- sofisticados armamentos a gobiernos títeres para que aplasten a los opositores pero a la vez arman hasta los dientes a opositores para que derroquen gobiernos no afectos a los intereses estratégicos gringos.
De hecho, el caso colombiano hace parte de esa arquitectura geopolítica. Todavía hay grandilocuentes “pensadores” que tratan de esconder la verdadera esencia del gobierno de Juan Manuel Santos. Ellos se rebanan los sesos tratando de encontrar grandes diferencias entre su “Prosperidad Democrática” y la “Seguridad Democrática” de su antecesor y mentor. No han comprendido que ante la crisis económica y social, Estados Unidos tiene graves dificultades en casi todo el mundo, lo que lo llevó a decidir la toma de regiones por las armas y el recambio de dirigentes en donde les estaban haciendo mucho ruido. En esta segunda categoría fue ubicada Colombia, siendo la verdadera razón por la cual EEUU no respaldó el tercer mandato de Uribe. Está claro que en el fondo la política de Santos es la profundización del modelo neoliberal que favorece a las multinacionales, sintetizada en la confianza inversionista, que fue el eje de los mandatos de Uribe para cumplirle a los Estados Unidos.
A esta misma política corresponde la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, la cual es un desarrollo de una sentencia de la Corte Constitucional. El ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, anunció que “este año aspira a restituir 2.100 predios”. Dijo el senador Jorge Robledo que “el propio gobierno calcula en 360 mil las familias despojadas de sus tierras y Santos ha prometido restituir 160 mil predios en sus 4 años. Por fuera de la Ley de Víctimas, restituyó 699 predios en 2011, los que, sumados a los 2.100 para este año, al finalizar 2012 habría restituido sólo 2.799 predios. Esas 2.799 restituciones equivalen al 0.7% de 360 mil y a 1.7% de 160 mil, que son las cifras con las que el gobierno hace retórica y demagogia. En diciembre pasado, Santos se ufanó porque en 2011 tituló baldíos por 512.353 hectáreas, cifra inferior al promedio anual de 991 mil hectáreas de los 20 años anteriores. Y sin las tierras para resguardos indígenas y comunidades negras, en 2011 se intervinieron 375.140 hectáreas, mientras el promedio anual de los últimos 20 años fue de 387.872 hectáreas”. Esto sin comentar que el artículo 99 de dicha Ley permite que tierras despojadas donde haya proyectos agroindustriales productivos no se le restituye al propietario sino que queda depositada en una Unidad Administrativa Especial que permite que los usurpadores sigan con ella. Los colombianos estamos con la restitución a las víctimas por eso nos duele que los engañen.
¡Santos sabe que no les va a cumplir y, en el colmo de la demagogia, los pone a que le hagan marchas y protestas como táctica para evadir su responsabilidad y hacer clientelismo hacia su reelección!