En los últimos días de campaña de la segunda vuelta presidencial han sido relevantes las noticias de adhesiones a los candidatos.
Tratando de no pasar desapercibidos, y sin el menor pudor, dirigentes de sindicatos y centrales obreras así como conocidos miembros de la izquierda colombiana, han hecho fila para entregarle a Juan Manuel Santos su respaldo, su solidaridad y sus votos.
Hasta hace unas escasas semanas los mencionados dirigentes consideraban al gobierno proimperialista, neoliberal, antidemocrático y corrupto. Hoy tratan de esconder la cara oscura y reaccionaria de la política Santista y maquillarla ante el apuro de una derrota.
Inicialmente, echan al olvido que los dos personajes en disputa fueron ministros de Álvaro Uribe y cumplieron a cabalidad con su cometido antinacional de la aplicación del Consenso de Washington; simulan no entender el desastre económico, la desindustrialización y el atraso, producto de la firma de los TLC; pasan por alto el deterioro del Medio Ambiente que deja la locomotora de la gran minería y el despojo de las Regalías a las regiones productoras de minerales y no recuerdan que Santos mediante el Acto legislativo 01 del 2001 le quitó 60 billones de pesos de transferencias a la educación, la salud y el saneamiento básico.
Hacen un esfuerzo descomunal para esconder los efectos de la reforma tributaria que le rebajó ocho billones de pesos a las transnacionales y se los subió a la clase media y al pueblo, fingen ignorar que el personaje ha tratado en varias ocasiones acabar con la tutela en salud y disimulan que se prepara una reforma pensional regresiva, la reforma a la salud y otra reforma tributaria.
Con el argumento machacado de la “ guerra o la paz “ enmascaran que Santos fue el ministro de los falsos positivos y encubren que judicializó la protesta social—aunque, muy a pesar suyo hubo más de 1200 paros y protestas de todos los sectores sociales, que hoy los embellecedores del régimen consideran no como una muestra del mal gobierno, sino un acto de flexibilidad y convivencia democrática.
Lo IN en estos últimos días afanosos de campaña es quién pronuncia, sin sonrojarse, las mejores alabanzas, posa mas cerca del elegido, aplaude a rabiar al candidato, no importa que haya que llegar al acto sublime de derramar una que otra lágrima en favor de la paz santista.
A los Trabajadores, que saben de las condiciones a que los ha llevado la política neoliberal desde hace más de 20 años, a los campesinos olvidados y engañados de toda la vida, a los pequeños y medianos industriales y productores que soportan los efectos antinacionales de los TLC, a la clase media cada vez más pauperizada y a la población en general que lucha día a día por subsistir no podrán engatusarla la nueva camada de garzones que empolla en el nido santista.