Acaba de salir el Informe mundial sobre salarios 2012/2013 de la OIT, documento donde se evalúan los impactos de la crisis mundial capitalista más reciente. Los contrastes son evidentes. Mientras crecen las rentas del capital, decrecen las rentas del trabajo: “El informe muestra que, desde el decenio de 1980, la mayoría de los países han experimentado una tendencia a la baja de la participación de los ingresos del trabajo, lo que significa que se ha destinado una proporción menor de la renta anual a la remuneración de la mano de obra y una proporción mayor a las rentas procedentes del capital. Esta situación se ha dado sobre todo en los países que han registrado un estancamiento de los salarios, pero también en aquellos en que los salarios reales han sufrido un fuerte aumento. A nivel social y político, esta tendencia está creando la percepción de que los trabajadores y sus familias no están recibiendo la parte justa de la riqueza a la que han contribuido.”
Esta es la mayor contradicción del sistema capitalista dominado por el capital financiero parasitario, que a la sombra de la globalización de las relaciones económicas, está expoliando países, recursos, regiones…, pero sobre todo la fuerza de trabajo. Es una globalización que tiene un solo sector ganador: el financiero, que crece a tasas extraordinarias, mientras el resto, el llamado sector real de la economía, o decrece, como la mayoría de los sectores industrial o agropecuario, o crece muy lentamente, con las excepciones notables del sector energético, o los de alta tecnología, siempre bajo el amparo de los grandes estados capitalistas y los organismos internacionales encargados de legislar y proteger sus particulares intereses.
La crisis de sobreproducción es el corolario de esa contradicción. A menos capacidad de compra de los asalariados, que conforman el gran mercado mundial de consumo, más evidente se hace la sobreoferta de todo tipo de productos y servicios que no encuentran comprador. Y, la mayor sobreoferta se concentra en el dinero excedentario que no encuentra campo para la inversión; de allí su tendencia a la especulación como fórmula de salida.
En Colombia, el crecimiento de los salarios en estas épocas de crisis, ha sido pírrico. Al hacer seguimiento a la evolución del salario mínimo, como referente de remuneración de la renta del trabajo, se hace manifiesta su disminución frente a las fabulosas utilidades del sector financiero. En momentos en que se negocia su aumento, el gobierno promueve una reforma tributaria que grava en mayor proporción las rentas del trabajo, mientras incrementa las exenciones al gran capital. ¡Así promueve el santismo la equidad entre los colombianos! No puede ser más clara la consonancia de la política oficial con la imperante en el mercado mundial. ¿O no, señora Legarde?