La literatura hizo famoso a Robin Hood, un héroe popular del medioevo inglés que le robaba al sheriff de Nottingam, un brutal explotador, y repartía lo robado entre los pobres de la comarca. Ahora, con la globalización, los neoliberales han puesto de moda actuar como Robin Hood, pero al revés: les quitan a los países pobres para darles a las potencias y les quitan a las gentes del común para darles a los monopolistas. Ese comportamiento ha sido especialmente evidente en el caso de las privatizaciones de las empresas de servicios públicos.
Las políticas neoliberales arruinan a los países pobres de la tierra y, además de quebrarlos, les imponen venderle a menosprecio sus haberes a las transnacionales de los países desarrollados. No ha habido una sola empresa de servicios públicos que no haya sido comprada a precios tan bajos que les garanticen a los compradores ganancias tan altas que si las intentaran en sus lugares de origen serían sometidos al escarnio público. Sobre la privatización de Teléfonos Mexicanos, Telmex, la revista norteamericana Bussines Week comentó en su momento: “El año pasado, su primero como una compañía privada… acumuló 2.300 millones de dólares en utilidades sobre ingresos de 5.400. ‘Dios no concibe ganancias como éstas’ afirma maravillado un asesor estadounidense de la compañía”.
Y con la privatización se ha vuelto común que a los pobres se les cobren tarifas más altas que a los ricos. En el caso de la energía eléctrica, los Usuarios no regulados –que son los grandes consumidores– están pagando tarifas promedio iguales a las que se les cobran a las casas del estrato uno. Y algo parecido ocurre con los pequeños comerciantes e industriales, muchos de ellos simples tenderos y artesanos, quienes deben pagar tarifas de estrato seis –las más altas–, así laboren en barrios de estrato uno. A las instalaciones agrícolas, incluidas las de los campesinos, también les cobran tarifas de estrato seis. Parecido les pasa a iglesias, acciones comunales, escuelas, etc. Y la energía eléctrica con que trabajan las bombas que impulsan el agua de los acueductos de ciertas veredas y poblaciones menores, también hay que pagarla con la máxima tarifa.