Los niveles de miseria y de desamparo en que se encuentran capas inmensas de la sociedad por culpa de un sistema económico, que celebra con jolgorio las ganancia billonaria del sector financiero, que se enorgullece del crecimiento de la economía, que impúdicamen
te somete a la quiebra al sector productivo en favor de las multinacionales y de la especulación financiera, son razones más que justificadas para que los parias se levanten enfurecidos y quieran destruir todo lo que los humilla y los somete a vidas infrahumanas.
Podemos, desde nuestras cómodas vidas, aconsejarles a los desheredados de esta ciudad que con violencia no se reclaman los derechos, pueden las autoridades castigarlos y perseguirlos, pueden las entidades caritativas emprender causas sociales para ayudarles, puede la sociedad condenarlos y señalarlos y nada de eso cambiará sus vidas.
El hambre solo combate con comida, la ignorancia con estudio, el desarraigo con techo, la pobreza con trabajo y solo un estado que dignifique al ser humano podrá darle la vuelta a la situación de desesperanza en que vive la mayoría del pueblo colombiano.
En una ciudad en donde anochecen más de un millón de personas sin la satisfacción de un día pleno y feliz. En donde amanecen ese mismo millón de personas sin saber que les deparará el día. En una ciudad en donde ronda la muerte y reina el terror puede pasar cualquier cosa.
Políticos lumpenizados, que no representan los intereses de la sociedad y que están enquistados en los gobiernos y en la política, son los responsables de este estado de cosas. Pero más que ellos son responsables sus votantes que los eligieron y no aquellos que vendieron su voto en medio de la miseria y la ignorancia, sino aquellos que a pesar de tener una instrucción y una supuesta educación política cantaron loas e hicieron sus campañas.
El odio inoculado por la humillación produce dolor y el dolor venganza y la venganza desmanes como el de ayer en Medellín.
Los culpables de los desmanes de los desheredados son los gobernantes y esta sociedad indolente e insensible: es a ellos a quienes debemos acusar, culpar y juzgar.