Cuando arribamos al Huila a comienzos de la década de los ochenta llegamos a conocer las fiestas del Sanpedro, el baile del Sanjuanero, el asado huilense, la cultura del opita y una región con paisajes extraordinarios, pero al mismo tiempo al matricularnos en el programa de Ingeniería Agrícola de la Universidad Surcolombiana, entre muchas personas a quienes conocimos apareció un personaje que con su rostro pintado de blanco y acompañado de un sinnúmero de gestos hacia mofa de la muerte, de la beatería, del militarismo y de las banalidades propias de la sociedad de consumo, no coincidíamos en los criterios de carácter estético y de alguna manera nos distanciaba la concepción política que animaba nuestras vidas: él seducido por las ideas troskistas que chocaba con nuestra mirada maoísta de la época. Retando el ambiente clerical y pacato que predominaba en una región en donde las convicciones conservadores tienen una larga trayectoria persistió en hacer del arte su vida y de su vida un arte, en asocio con sus pares montó un espacio que se conoció como la Casa Theus que desafortunadamente las llamas consumieron un día cualquiera de mala fortuna; contrariando la adversidad continuó haciendo y promoviendo el arte escénico.

La última ocasión en que lo vi fue en la universidad en donde lo conocí rindiéndole homenaje a las mujeres en un evento promovido por la organización sindical de profesores universitarios, maduro, tranquilo el verso jugaba con las figuras teatrales de unas musas en su derredor.

La sorpresiva noticia de su fallecimiento me llevó al velorio y a las honras fúnebres y debo confesar que me impresionó la participación de la comunidad de las artes de la región, ver a sus compañeros y alumnos me recordó vivamente sus gestos, su figura, así comprendí a cabalidad la continua exhortación que nos hiciera Hector Valencia uno de los dirigentes históricos de la tendencia del MOIR: apoyar toda manifestación de arte nacional para contrarrestar la avalancha ideológica del neoliberalismo; Alfonso sin tener ningún vinculo político con nuestra corriente cumplió a cabalidad esta tarea, ahora nos lamentamos no haber podido disfrutar más su alegría, su gracioso ingenio y por sobre todo su profundo compromiso con el arte como una forma de expresar su poderoso apego a la libertad.

La historia del teatro y las artes en el Huila cuando se atrevan a escribirlas tendrá que hacer nota especial a la obra y figura de Alfonso Orozco.

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