En vísperas de la celebración de la batalla de Boyacá que selló la campaña libertadora y propinó contundente derrota a los ejércitos españoles que ocupaban el territorio para garantizar el saqueo colonial, el presidente Santos hizo una visita inusual a las tierras del Huila a las que llegó con la bolsa llena de promesas tal y como en el pasado inmediato hiciera su predecesor en el solio del palacio de Nariño; una de las más sonadas por las innumerables calamidades que genera la vertiginosa destrucción de que ha sido objeto la vía al sur del departamento luego de que empezara la circulación de tracto mulas con crudo y equipos pesados para las actividades de las compañías petroleras y la construcción de la hidroeléctrica del Quimbo, es el ofrecimiento de la construcción de la doble calzada de Neiva a Pitalito proyecto que con igual bombo había sido anunciado en la época del ministerio de Andrés Uriel Gallego y el gobernador Pajarito Sánchez. La oferta en el inicio de la campaña electoral y adportas del paro anunciado por los agricultores y ganaderos del país sin duda tiene un propósito: tratar de reencauchar a los alicaídos dirigentes regionales y persuadir a los aguerridos productores de la región de participar en la jornada de protesta convocada, por supuesto no deja de ser más que un mal chiste para quienes deben sufrir a diario las dificultades de transitar por unas trochas propias de la época de la colonia y que difícilmente pueden llegar a la troncal cuando ya de por si es bien complicado acceder a las cabeceras municipales.
El temor presidencial por la magnitud del rechazo que genera su desprecio por la actividad agropecuaria nacional lo obligó a invitar a los miembros del comité departamental de cafeteros por iniciativa suya para reunirse con ellos y conminarlos a atravesarse en la demanda de los productores programada para iniciar el 19 de agosto y ofrecer como otra de sus generosas contribuciones la participación en una alocada iniciativa de la gobernación de conformar una empresa productora de abonos que desconoce las realidades del mercado, los elevados costos de transporte y el control monopólico de los elementos primarios para adelantar una producción de esa naturaleza; otra quiebra anunciada con recursos del fisco regional.
Los cafeteros reunidos en Garzón el sábado anterior dejaron en claro que ya no son presa fácil de los cantos de sirena y mantienen firme su decisión de reclamar sus derechos.