La frase pertenece al profesor Thomas Sargent, premio Nobel de Economía 2011, quien en una conferencia, señaló que esa era la consecuencia lógica de la crisis de deuda soberana que afecta a Europa. Además, afirmó que la crisis no es solo económica sino política; que la crisis europea ha hecho un “daño genuino” a la economía mundial porque “ha inyectado grandes cantidades de incertidumbre económica derivada de la incertidumbre política”. Y, “en el caso europeo no es fácil predecir la forma que tomará la revolución, que probablemente adoptará diversos tipos dependiendo de cada uno de los países, dijo, pues añadió, ‘existen grandes desacuerdos e intereses muy diferentes entre las democracias europeas’”.

Las afirmaciones del profesor de economía de la Universidad de Nueva York e investigador de la Institución Hoover de la Universidad de Stanford, son sintomáticas de la crisis que cada día, con mayor agudeza, acogota a los países de la Unión Europea, pero que asedian, bajo otras características pero igual gravedad a los Estados Unidos, al Japón, a China y, de manera general al sistema capitalista mundial. La situación de los Estados Unidos es particularmente seria, dado que, no obstante haber apelado, en dos oportunidades, a la inyección de miles de millones de dólares, y de aprobar una próxima emisión de la llamada “flexibilización cuantititava”, la Q3, no logra que su economía se recupere de la recesión que por cuatro años consecutivos, la agobia. Este tipo de mecanismo, especialmente perverso contra los países que mantienen relaciones comerciales con los EE.UU., porque devalúa su moneda, revaluando las de sus socios, a la larga agudizará la crisis al disminuir la demanda de esos países, para recuperar de manera transitoria, su propia demanda.

Lo que se quiere ocultar es que el capital se expande sobre la base de la ruina del sector trabajo, y que sus manifestaciones son la reducción de impuestos a los negocios del gran capital, mientras se grava a los asalariados y los trabajadores independientes, pero si los que más ganan no pagan, la disminución de ingresos fiscales es inevitable y el aumento del endeudamiento de los gobiernos, crecerá como única forma de tener recursos.

La situación de opresión y explotación hasta límites inaguantables de las masas trabajadoras, detona la rebelión social, y de ahí a la revolución social no hay sino un paso. ¿Qué forma tomará? Sargent dice que es impredecible, pero de lo que sí está seguro es que habrá revolución social, y por ella “quiero decir un nuevo diseño de la Constitución sobre quién elige qué y cuándo”, afirma. Preparémonos para grandes sacudones en Europa y en el mundo.

P.S. Apoteósica la manifestación de los caficultores huilenses. Es hora de que el gobierno atienda sus justas solicitudes.

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