Arrancó sin más preámbulos la carrera presidencial y aprovechando la decisión de Uribe de presentarse como cabeza de lista del Centro Democrático al Senado los medios pretenden contra toda lógica presentar la disputa por la silla del solio de la casa de Nariño como una confrontación entre Santos y Uribe, muy a su pesar a medida que transcurran los días y los hechos la campaña tendrá que centrarse entre el candidato del establecimiento y la vocera de la oposición, mejor aún entre el continuismo de una política de libre comercio fracasada para los intereses de la mayorías o una de apoyo a la industria y el agro nacional. Como una estrategia distractora sin duda se intentará presentar las conversaciones en la Habana como el tema que resolverá los principales problemas que aquejan a la nación y a un posible acuerdo como la credencial que legitime la reelección presidencial, sin embargo las recientes movilizaciones sociales sin precedente en la historia del país, desconectadas de las discusiones en las playas de Varadero, son un prolegómeno de los temas que coparan la atención de los Colombianos en el futuro inmediato; el otro artilugio para obviar el debate será la referencia a la corrupción con el que pretenden igualar a los representantes de la Unidad Nacional con los de la oposición, sin embargo lo que les resultará imposible rehuir es el dilema que desvela a diversos sectores sociales : trabajo para los extranjeros a través de los Tratados de Libre Comercio o para los nacionales con apoyo estatal a la industria y el agro.

Santos al igual que los candidatos del Uribismo significan las ventajas para las multinacionales y el capital financiero, Clara López Obregón la candidata de la oposición encarna la inclinación por el fortalecimiento del empresariado nacional; los primeros son los personeros del interés extranjero mientras la portavoz del Polo Democrático afirma la importancia de la Soberanía, la que nos ha hecho falta para decidir el destino del país; si la opinión pública no desvaría y comprende la importancia de esta polémica seguramente que al igual que ya ocurrió en otros países del continente se decidirá por una política en la que convivan la inversión extranjera y el capital nacional sin detrimento del segundo, empresarios y trabajadores con garantías de contratación digna, explotación de los recursos naturales sin degradación del medio ambiente, un país con justicia social, no con la limosna de familias en acción.

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