Exhalo su último aliento el que con sus mágicos textos describiera el Macondo de los albores del siglo XX, los recuerdos de las congojas de quienes liquidaron el final de un siglo XIX plagado de guerras civiles que debilitaron a la nación y dieron paso a la intromisión de la superpotencia del norte: la toma de Panamá, las interminables plantaciones de banano en la Ciénaga tapizando el paisaje de verde y sangre y la estación del tren al que arribaban los vagones cargados de adelantos del nuevo siglo traídos en las valijas de perfumados personajes que encarnaban otras realidades allende las fronteras; Gabo alimentado con el sancocho de gallina criolla, pescado y mondongo supo nutrirse de estas vivencias y de las crónicas contadas por sus ancestros para adobar las historias de sus textos que se convirtieron en referente universal, revolucionó de alguna manera el mundo de las artes porque su obra se extendió al cine y la música, a su pesar las duras realidades escondidas en sus metáforas continúan vivas ha cambiado el paisaje, la Aracataca de hoy tiene plantaciones de Palma de Aceite, la presencia extranjera imperceptible pero multiplicada al infinito se toma todo a través de las bolsas y los especuladores; el tren es un pálido recuerdo adornado de vapor y un agudo silbido en la lejanía -no existe- lo reemplaza la locomotora minero energética que trae destrucción y más pobreza a las zonas de explotación, ya no se erigen las estaciones del ferrocarril en cuyos corredores se vendían los pasteles de arroz y carne y el guineo cocido con queso, ahora son unas frías torres de metal precedidas de los buldócer y acompañados de pelotones armados que arrasan con todo, incluidas las ilusiones de quienes habitan el territorio.

Es urgente reescribir la historia, la Macondo del siglo XXI la del libre comercio no le permite lugar a los Buendía ni a los Melquiades, privilegia las Corporaciones, los Conglomerados, las Empresas Multinacionales que no se transan con unos pescaditos de oro, los sueños son suplantados por la crudeza de los negocios y los slogan: “bienvenidos al futuro” inauguró el nuevo camino que transitamos y que no da lugar a los amores desbordados ni a las francachelas descritas en el realismo mágico, la pobreza se erige como la reina de las mayorías en contraste con la opulencia de unas minorías que se aferran al poder y que tarde que temprano cumplirán el mismo destino del Otoño del Patriarca.

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