La situación de los caficultores es desesperada. El cultivo ha dejado de ser un negocio: una situación de altos y crecientes costos de producción (fertilizantes, herbicidas y fungicidas) ; sumado a los bajísimos precios de compra de la carga de café, afectados por la revaluación del peso y la especulación en las bolsas mundiales de commodities; así como, una productividad por hectárea en franco descenso –un promedio de 7 cargas al año, muy por debajo del promedio de los competidores mundiales de 18 cargas por año–, debido a las debilidades de las variedades que se están sembrando, afectadas por las plagas y un clima enloquecido; una producción de café en manos de campesinos minifundistas –en el Huila un promedio cercano a una hectárea por unidad de producción–; una comercialización en manos de intermediarios y grandes monopolios mundiales que envilece aún más el precio y un peligroso endeudamiento bancario,…conforman una “tormenta perfecta”.
Las pérdidas económicas, sumadas a la pronunciada disminución de la producción (hemos perdido más de un tercio del volumen en los últimos 4 años), tienen en la incertidumbre a los caficultores que ven como los esfuerzos de toda una vida se van al traste. El café no da ni para comer. La miseria proverbial del campesino colombiano, se ha agudizado con la crisis del único producto agrícola que había logrado sobrevivir a las nefastas políticas de libre comercio. En tres lustros se está aniquilando una cultura centenaria que superó guerras civiles, plagas, la maldición del narcotráfico y pésimos gobiernos.
Para hacer sentir su voz de protesta millares de familias campesinas llevan varios meses movilizándose por el país entero, exigiendo del gobierno nacional atender con seriedad sus apremiantes necesidades. Primero fue la concentración en Manizales, donde 20.000 campesinos cafeteros de todos los rincones de Colombia elevaron su voz de protesta por la grave situación que los agobia, que resumieron en un pliego petitorio que enviaron al presidente de la República. Luego fue un foro en Ibagué al que, no obstante ser invitados, no asistieron representantes del gobierno nacional. Ahora, como tarea de esta última reunión está planteada una movilización regional en cada departamento, para arreciar la voz de inconformidad por el abandono y la indolencia gubernamental.
En Neiva, el próximo 9 de octubre se concentrarán millares de caficultores huilenses para exigir la instalación de una mesa de negociaciones con el gobierno nacional. De las montañas, de las veredas, de los municipios; del sur, del occidente, del centro y del norte; en chivas, camperos, motos, o a pie, confluirá una marejada de curtidos hombres y tenaces mujeres, jóvenes y viejos, acompañados por concejales, diputados, alcaldes, congresistas…, para decirle al gobierno que la situación no da más espera. ¡Hay que salvar la caficultura huilense! ¡Apoyémoslos!