La lucha que en Santander viene adelantándose en contra del proyecto de explotación minera a cielo abierto de la multinacional canadiense Graystar Resources en el páramo de Santurbán es sin duda una lucha por el agua. Las razones de esto son evidentes y de gran peso. En primer lugar, porque el alto consumo de agua que hace la minera ocasionará que más de la tercera parte de las familias del Área Metropolitana de Bucaramanga queden sin abastecimiento y, en segundo lugar, porque la forma de intervención del páramo y extracción del material ¡a cielo abierto! producirá la destrucción de un ecosistema que aporta más del 60% de la oferta hídrica del Área Metropolitana, aparte de la contaminación del agua con cianuro y otros químicos tóxicos que se utilizarán (8.200 toneladas mes) y que inminentemente serán la causa de terribles accidentes. Sin embargo, esta lucha por el agua posee un sinnúmero de connotaciones.

Quizá la connotación más directa, aparentemente contradictoria, sea la de que se lucha a su vez en defensa del oro. ¿Acaso no nos interesamos porque las multinacionales no saqueen nuestros recursos? Esos mismos que hoy vienen siendo feriados por el santo-uribismo al capital financiero trasnacional.

De ahí se desprende otra connotación: la oposición a la política de entrega y servilismo del actual gobierno y, la oposición a las multinacionales con su política de sumisión y saqueo. También: la necesidad de que en Colombia exista una política minera que en lugar de dejarles el oro, la plata, el níquel, el carbón, etc., a unas cuantas compañías para sus jugosos negocios en el extranjero, se los deje a los colombianos.

Connotaciones todas que expresan la más acendrada defensa de la soberanía nacional y la democracia. Soberanía, en este caso quiere decir: no permitir el saqueo, porque, digámoslo abiertamente, para el capital multinacional ‘saqueo’ es ‘saqueo’. Y, democracia quiere decir: emplear nuestros recursos naturales para el verdadera desarrollo del país y el bienestar de su población y no en el malhadado sentido de las llamadas “locomotoras para el desarrollo”, que cada vez precipitan más a la nación al atraso y a la condición de colonia.

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