Ponencia presentada por la Juventud Patriótica en el I encuentro Nacional de Jóvenes del PDA, Bogotá 28 y 29 de noviembre de 2006

Para mayor certeza de lo que le ocurre al sector agropecuario con la aplicación de las políticas neoliberales, debemos referirnos a dos hechos que nos lo esclarecen. En primer lugar, las consecuencias vividas con la apertura económica, considerada como una primera etapa de la política neoliberal de globalización bajo la hegemonía norteamericana, dentro de la cual se enmarcan el TLC y el ALCA, y en segundo lugar, los textos firmados en materia agrícola por imposición del gobierno y las multinacionales norteamericanas.

Pero estos desastres contra los empresarios, agricultores, campesinos, jornaleros y asalariados del campo, afectan con mayor fuerza y por doble partida a la juventud, porque recibe el brutal impacto de la destrucción de sus actividades productivas, con su secuela de desempleo, pobreza, procesos jurídicos y prejurídicos con los bancos. Pero además, la juventud que aspira a ingresar a la universidad se estrella con las imposiciones del TLC en materia educativa, en el sentido de que como la producción agropecuaria será destruida con el TLC, la educación en la rama agropecuaria pierde toda importancia y se impone el estancamiento y la desmejora en la calidad.

Lo que se pierde en la agricultura no se repone en la industria, porque esta actividad económica nacional también es condenada a la ruina, quedando el espacio solo para las maquilas, a condición del desmejoramiento extremo de las condiciones laborales, en especial para los del primer trabajo, o sea, los jóvenes.

Impacto en la producción agropecuaria

Con la primera etapa de la apertura, el ingreso de productos extranjeros se multiplicó por diez, pasando de 700.000 toneladas a más de 7 millones de toneladas de productos agropecuarios, lo que arrasó entre otros el cultivo de la cebada y el trigo; se perdieron alrededor de un 1 millón de hectáreas de cultivos y más de trescientos mil empleos y el empobrecimiento rural llegó a niveles inauditos. Ahora con el TLC se trata de profundizar estas políticas y perpetuar dicha situación, sin que el Estado colombiano tenga el derecho soberano de cambiarle ni una coma a los textos firmados por imposición de Estados Unidos. Para darse una idea del calibre del riesgo al que le abre la puerta el TLC con la decisión de poner en cero por ciento los aranceles de protección, debemos saber que se perderá el Sistema Andino de Franjas de Precios, gracias al cual entre 1994 y 2003 se concedieron protecciones hasta de 75,5% en carne de cerdo, 184,5% en trozos de pollo, 70,5% en leche entera, 48% en trigo, 38,5% en cebada, 65,3% en maíz amarillo, 68,2% en maíz blanco, 82,5% en arroz, 56,1% en soya, 70,3% en sorgo, 105,1% en aceite de palma y 97% en aceite de soya , entre otros, sistema de protección al que se renuncia en los textos del TLC firmados sin que se dé una reciprocidad, porque Estados Unidos no renuncia a los descomunales subsidios directos para sus productores agropecuarios, por el orden de los 54 mil millones de dólares al año. Aquí se evidencia que no es una negociación, sino una imposición hecha a la medida de los intereses de las grandes multinacionales que comercializan estos productos agropecuarios. Para ilustrar lo cual trascribimos a Rafael Hernández, presidente de Fedearroz y miembro de la junta directiva de la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC, cuando afirma:

“Los negociadores de Colombia cedieron totalmente frente a las pretensiones de Estados Unidos. Veo un panorama oscuro para la mayor parte del sector agropecuario” (El Tiempo, 28 de febrero de 2006) “No fue un tratado equitativo como se comprometió el presidente de la República con nosotros, sino una imposición de Estados Unidos. Por eso me retire de la mesa de negociaciones.

Es un propósito geoestratégico del gobierno y las multinacionales norteamericanas quedarse con el monopolio de la producción de cereales, leche y cárnicos, así como de hortalizas y algunas frutas, los cuales constituyen la dieta básica de los pueblos, y condenar a nuestro país a la producción de los llamados productos tropicales o productos postre, que no forman parte de la alimentación diaria de nuestras gentes. Con el agravante de que lo mismo les indican a los 70 y más países del Trópico para generar una competencia entre pobres por quién les vende más barato a las multinacionales comercializadoras. El ejemplo típico lo tenemos con el café. Las multinacionales incentivaron su producción en países tradicionalmente no productores como Vietnam y desbarataron además el Pacto Internacional de Cuotas para deprimir los precios al productor y aumentar las ganancias de los intermediarios y especuladores.

La fantasía de las exportaciones

En los textos de TLC no se consignan las garantías de un acceso real al mercado norteamericano por parte de nuestros productores, porque el verdadero obstáculo está en las barreras fitosanitarias, no consideradas por Estados Unidos como objeto de negociación y que hacen imposible el acceso de una papa o de una libra de carne al territorio de Estados Unidos. Para esto citamos a Luis Jorge Garay cuando expresa:

A pesar de la opinión expresada por el gobierno y los gremios, conviene señalar que de la lectura del texto no parecen derivarse obligaciones completas para las partes que garanticen que a la luz de los puntos incluidos, puedan solucionarse los problemas de índole sanitaria y fitosanitaria de Colombia y abrirse así oportunidades de exportación para varios productos colombianos, tales como los carnicol, las frutas y la hortalizas .

Y el mismo jefe de los supuestos negociadores en la mesa de asuntos sanitarios por Colombia, Juan Lucas Restrepo, nos dice: “Pero lo que temíamos y aún tememos es que, en la práctica, se restrinja indefinidamente el ingreso de los productos colombianos a ese mercado con argumentos paraarancelarios, como un excesivo rigor en el cumplimiento de las normas sanitarias y de inocuidad” (Carta ganadera, informe especial “TLC y ganadería”, citado por Robledo. Op. cit. Pág. 81).

Y como para que no quede duda de que el TLC no es una negociación sino una sumisión, Colombia sí acepta el ingreso de carne de reses mayores de treinta meses potencialmente portadoras de la enfermedad de las vacas locas, en franco atentado contra la salud de las personas y del hato ganadero, además de aceptarle sumisamente a EU la introducción de gallinas viejas, desperdicios de pollos y cárnicos en general, así como los llamados lactosueros o leches de inferior calidad.

La juventud ve comprometido su futuro en el punto en que el TLC atenta contra la seguridad o soberanía alimentaria, que menoscaba en materia grave la soberanía nacional. Con este mecanismo el imperio pretende sojuzgar y someter a los pueblos para arrancarles más concesiones y prebendas. No se descarta el sitio por hambre a nuestros pobladores para que se inclinen ante sus pretensiones. Esto lo tienen claro los gobiernos, negociadores y norteamericanos, quienes consideran la producción de alimentos y el autoabastecimiento como cuestión de seguridad nacional.

Educación

A una producción mediocre corresponde igualmente una educación mediocre. De ahí que escuchemos a personas como el señor Palacios, ex rector de la Universidad Nacional, afirmando que tal vez estemos educando demasiado a nuestros estudiantes y justificando la disminución del tiempo en las carreras universitarias, lo que se compagina con las pretensiones del capital financiero multinacional de monopolizar no solo la producción industrial y agrícola, sino también el conocimiento y la investigación científica y tecnológica, condenando a nuestro país a los productos tropicales y a la maquila en condiciones laborales deterioradas. Esto se refleja en los propósitos de la Revolución Educativa, que va en desmedro de la calidad de la educación so pretexto de ampliar la cobertura. Las exigencias del capital financiero obligan a Colombia a volver negocios lo que antes no lo era, como es el caso de la educación. El TLC acelera su privatización y determina sus contenidos, acordes con las necesidades de las maquilas y las multinacionales. El país se ve así condenado al atraso científico y tecnológico.

Salud

El marco general de la privatización de la salud y su tratamiento como un negocio en manos de los intermediarios y el capital financiero parasitario se diseñó en la Ley 100 de 1993, cuyas consecuencias se ilustran con el cotidiano paseo de la muerte. La Ley 100 golpeó en especial al sector agropecuario, donde han resurgido enfermedades prácticamente erradicadas como la tuberculosis. Hoy azotan a los campesinos las denominadas enfermedades tropicales, como la malaria y el dengue, y enfermedades diarreicas agudas asociadas a la desnutrición y a los deprimentes niveles de pobreza y miseria a que los condujo la apertura y que el TLC perpetuará.

Laboral

La destrucción de las oportunidades laborales para los jóvenes se da en la producción directa y en las actividades conexas como el transporte y el comercio. Pero también los jóvenes que tengan oportunidad de ser egresados como profesionales ven cerradas las puertas de instituciones que antes los acogían como empleados, porque se implementó a rajatabla el recorte del tamaño del Estado en cumplimiento de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. Por eso asistimos a las reestructuraciones y cierres de instituciones como la Caja Agraria, el ICA, el Incora y el Idema, entre otras, que de alguna manera prestaban apoyo a las actividades de crédito de fomento, investigación agropecuaria, mercadeo y precios de sustentación. El TLC agravará aún más la situación.

Queremos por último hacer un llamamiento a los jóvenes del país y a los hoy reunidos en este magnifico Encuentro de las Juventudes del Polo Democrático Alternativo, para que con la unidad como estandarte encaminemos la lucha civil por la salvación nacional. Y para lo cual es indispensable conocer la verdad y desmontar las mentiras sobre el TLC e impulsar la organización juvenil y la movilización de masas por la producción, el trabajo y la soberanía nacional, sumándonos a la resistencia antiimperialista que recorre a América Latina, como lo confirma el triunfo del candidato de izquierda en el Ecuador. El turno para Colombia será cuando esta juventud así lo decida.

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