El episodio ocurrido con la firma comisionista INTERBOLSA deja una vez más en claro que los mayores y más sofisticados delincuentes de una sociedad se encuentran en los salones de los Clubes Sociales, al amparo de la laxitud de las normas estatales que bien conocen y de las que en muchas ocasiones son sus propios confeccionistas que desfalcan a la sociedad entera, porque al igual que ocurrió en el pasado con la quiebra de los bancos, el gobierno terminará esculcando los bolsillos de los atribulados contribuyentes para salvar el pellejo de los malandrines de cuello blanco, puesto que este es el espíritu del gobierno al mando que quedó en evidencia con la aprobación de la última reforma tributaria y la definición del incremento del salario mínimo.

En el primer caso, al contrario de lo que recientemente aprobó el gobierno gringo, para aliviar el déficit fiscal, aumentando el impuesto de renta a los norteamericanos con ingresos superiores a cuatrocientos cincuenta mil dólares anuales, es decir los más ricos, aquí se graba a la clase media a la única con disposición de hacer crecer el mercado interno por su capacidad de consumo asestándole un duro golpe a la posibilidad del desarrollo nacional.

El pírrico incremento del salario mínimo apunta a la misma dirección; no existe interés alguno en aumentar los ingresos de los trabajadores para que el aforo de la masa monetaria crezca incidiendo positivamente en los negocios domésticos, se mantiene el funesto expediente de facilitar la repatriación de utilidades y capitales de cuanto mercachifle extranjero aterriza en la economía nacional.

Mientras a los rebuscadores de la calle- millones de Colombianos sin empleo- se les criminaliza, se les persigue con piquete policial; a los facinerosos que se esconden en algunos Clubes de renombre los exaltan en los medios, las revistas de la alta sociedad y los colocan como el ejemplo de hombres de éxito empresarial a seguir, queda en evidencia que no solo se trafica con las inversiones de capitales sino también con los valores morales.

Algún contertulio desprevenido se pregunta cómo es posible que esto ocurra, pues las evidencias controvierten las decisiones oficiales, no alcanza a comprender que quienes dictan estas políticas a pesar de haber nacido en Colombia no derivan su fortuna de la suerte de los demás compatriotas, la suya está ligada es a las enormes utilidades del gran capital, en especial si es extranjero, así sueñan entrar a los Clubes de los filibusteros globales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *