“Se pasean como mariposas succionando el néctar de las flores para fecundar sus propios jardines” así Gabriel Ángel Quina Rojas un pequeño hombre por su estatura pero enorme por su espíritu de trabajo y su decisión, con una voz recia en la que cada palabra parecía un estallido, describió a la cúpula de la Federación de Cafeteros a la que se refirió como la alcahueta de la política gubernamental contra los cafeteros. Al mismo tiempo que el Ministro de Agricultura amenazaba a los campesinos que reclamen sus derechos, en Valencia de la Paz un grupo de cafeteros del municipio de Iquira se reunía para organizar su participación en el Paro Cívico programado para el 25 de Febrero, al igual que muchos otros en cientos de municipios y miles de veredas de Colombia; la mañana fría cargada de lluvia no fue obstáculo para que fueran llegando uno tras otro, menos las trochas vueltas fango por el agua y el abandono de las autoridades; resueltos a impedir que la actividad de toda la vida se muera, cumplieron todos la cita que se habían puesto, animados con la noticia de la movilización de los arroceros el día previo, que al igual que ellos exigen precio remunerativo, subsidio a los insumos como hacen en el resto del mundo, arreglo a los problemas de deuda con los bancos y cierre de las importaciones legales e ilegales propiciadas por el mal llamado libre comercio.
Yo soy inalfabeta ₍sic₎ confesaba Quina, pero si tuviera estudio abría gobernado mejor este país, concluía con un tono grave que resonaba en un salón oscuro, iluminado por la sabiduría natural de quienes lo ocupaban y en contraste con la ampulosa pompa montada en Chinchiná para la fallida intensión de descrestar a los delegados de los comités de cafeteros que terminaron abucheando al presidente y sus ministros, la notoria austeridad en el espacio dispuesto para la reunión de la Inspección reflejaba el penoso trance por el que atraviesan los laboriosos cafeteros.
Sin embargo no se resignan al oscuro futuro que les propician quienes deberían ser sus aliados y se aprestan a demostrar que la persistencia y la razón esgrimidas con fuerza son la única oportunidad que les queda para obtener soluciones de quienes le apostaron al favorecimiento de la locomotora minero energética a costa del sacrificio del trabajo y el fracaso de la industria y el agro nacional.