La semana pasada estalló en Chicago una huelga de maestros –la primera en 25 años–, más de 29.000 empleados que entraron en paro para enfrentar la nueva política educativa de esa ciudad norteamericana. Llama la atención que los motivos de fondo para haber asumido una posición tan radical, sean los mismos que aquejan al sistema educativo de muchos países, incluyendo el nuestro. En un mundo globalizado, bajo las premisas de capitalismo financiero monopolista parasitario, no podía ser de otra manera.
Veamos por qué se ponen en pie de lucha los maestros de Chicago. Según información de prensa “los maestros se han ido al paro diciéndole no a la controvertida reforma escolar hecha a imagen y semejanza de la transformación educativa que impulsa el presidente Barack Obama a nivel nacional.” Porque no es una política impulsada por el aparentemente sector político más retrógrado, el partido republicano, sino que es una política de estado, consensuada de los dos partidos históricos de los Estados Unidos, que valga la pena enfatizar representan los intereses del gran capital, ¡que no haya lugar a dudas!
En qué consiste esa reforma. “Además de extender la jornada escolar, mantener el número de alumnos por aula y congelar los beneficios médicos del profesorado, lo que realmente genera la controversia es la espina dorsal de la reforma: los exámenes o pruebas estandarizadas, las mismas que se le realizan 15 veces al año al estudiantado y dependiendo de sus resultados, los maestros mantienen o no su trabajo, y las instituciones educativas, según las mismas calificaciones, pueden o no acceder a recursos públicos del gobierno. ‘Es un daño inmenso al sistema educativo y a nuestros jóvenes, pues esto obliga a los colegios, en su afán de mantener los recursos y evitar el cierre, a enfocarse en enseñar para salir victoriosos en los exámenes, abandonando el compromiso de una educación integral’, asegura Pauline Lippman, profesora de la Universidad de Illinois-Chicago. ‘Existe una gran diferencia entre enseñar a nuestros niños a pensar y enseñarlos a responder un examen, eso es lo que esta reforma pretende que hagamos, instaurar el temido modelo corporativo de la educación’.”
El ‘modelo corporativo’ de educación en manos del sector privado, ni más ni menos. Al capital no le interesa que se imparta una educación integral, que enseñe a pensar, sino un sistema que cumpla con los estándares de eficiencia de la mano de obra para el trabajo y el consumo. Una educación que someta, no que libere. Una educación que de sustento a los privilegios de unos pocos, a costa del abandono y desprotección de las mayorías. No importando que esa minoría, especialmente los grandes tiburones de la banca y la finanzas, sea la responsable, por su avaricia, de la crisis que sacude al mundo capitalista.