Muchos ciudadanos nos sorprendimos por las afirmaciones del comandante de la policía en el Huila, coronel Juan Francisco Peláez, dado el grado de franqueza con que abordó el tema de la inseguridad ciudadana en Neiva. Nos sorprendimos por el valor de hacerlas, pero no por la esencia de las mismas. En un país donde las élites gobernantes han acostumbrado decir mentiras creíbles para engatusar a la ingenua audiencia popular, que una autoridad del rango del coronel Peláez haga afirmaciones como las que hizo en una sesión de control político en el concejo municipal hay que valorarlas en su verdadera dimensión. Veámoslas: “El trabajo debe ser articulado entre todos, lamentablemente se le ha achacado toda la responsabilidad a la Policía, nosotros estamos haciendo nuestro trabajo, sin embargo aquí hay que ser claros y es muy difícil que la delincuencia disminuya si existe tanta desigualdad social como en esta región, la gente no se va a dejar morir de hambre”… “Tengamos en cuenta que el 80% de la población neivana esta en niveles 1 y 2 del Sisbén y apenas el 10% de la población obtienen los mayores ingresos. Además los últimos datos nos indican que el desempleo está aumentando, necesitamos que se generen políticas que permitan solucionar el verdadero problema y eso es también competencia de ustedes como concejales de la ciudad”. La información del DIARIO DEL HUILA señala que el comandante de policía terminó haciendo un llamado al concejo municipal ‘a formular políticas para disminuir la pobreza y generar oportunidades de empleo que prevengan la delincuencia.’

Aunque el tema es de mayor complejidad y va más allá de las afirmaciones del coronel Peláez, es importante destacar que dejan al descubierto la debilidad, por no decir que ausencia, de una política criminal gubernamental. Los gobiernos reflejan los intereses egoístas de unas élites que no ven más allá de sus particulares intereses y que pretenden que solamente a punta de represión y cárcel, tarea ingrata que descargan sobre una institución policial que tiene su origen social en los mismos sectores de estratificación que señala el coronel, se controle o supere un problema que hunde sus raíces en la naturaleza de la sociedad de desigualdades extremas que tenemos en Colombia.

La analista Natalia Springer, señalaba en su columna de opinión, publicada en el diario El Tiempo de ayer lunes, que en Medellín la política de represión aplicada con tanto celo, con la dedicación de cuantiosos recursos, era un fracaso total. La realidad es que la violencia de las pandillas, conformada básicamente por niños, muestra la desesperanza de las nuevas generaciones que no ven en la política oficial una perspectiva cierta para sus vidas. La situación es muy difícil y seria, y los responsables del gobierno, los gremios de la producción, del comercio y de los servicios, las fuerzas vivas que llaman, deberían atender el llamado de atención del comandante de policía. Máxime cuando la ciudadanía desesperada lo exige.

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