El Plan Nacional de Desarrollo, esa novia de Frankestein concebida en las zahúrdas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, incubada en la Casita del Horror que reniega del nombre resonante del gran precursor, Don Antonio Nariño, y parida en la fábrica de monstruos del Congreso de la República, se le ofrece a la opinión pública con palabras equívocas con el ánimo de distraer sobre su fondo.

El Capítulo Tercero se titula “Igualdad de oportunidades para la prosperidad social” y es exactamente lo contrario: aberrante desigualdad para la pobreza y la miseria de la mayoría de la sociedad.

Con el objetivo de recortar los recursos invertidos en la educación de nuestros niños se establece en los Artículos 136 y 137 su atención hasta los 5 años y 11 meses por fuera de la escuela pública, mientras las capas de la población que tienen recursos acceden a los colegios privados desde el primer año de edad. Para los pobres, guarderías; para los que tienen, educación. Y a eso lo llaman igualdad.

Pero la cosa no para ahí. El neo liberalismo es el rey Midas del mundo moderno. Todo lo que toca se convierte en oro. Los niños también son negocio, por lo cual establece la participación público-privada, una nueva manera de decir que el Estado pone unas cuantas monedas y el sector privado las administra para quedarse con una parte de ellas. La vieja privatización a la que tratan de vestir de caperucita.

Para que no se diga que el Estado le impone a la sociedad el contenido y los métodos de la educación por medio de un currículo único e imperial, en el Artículo 138 se le llama al currículo único e imperial, currículo básico, para aquellas instituciones que tengan malos resultados en las pruebas Saber y para las que “libremente” lo adopten. De manera que la falta de financiación, la pobreza, la baja escolaridad de las familias, la violencia, la desesperanza de los que saben que el sistema les niega todas las posibilidades es culpa de un currículo y se va a resolver con un currículo hecho por aquellos que les niegan a los niños y jóvenes las oportunidades. Eso, para el Plan Nacional de Desarrollo es igualdad y prosperidad.

Al lobo, por más que pretenda vestirse de oveja, siempre se le ven las orejas. De ese modo la racionalización, sostenibilidad financiera, ajuste y administración eficiente emergen para que sepamos que los sobrecostos generados que superen el Sistema General de Participaciones serán asumidos exclusivamente por las entidades certificadas –departamentos y municipios- con recursos propios. Que la población deje de recibir educación por falta de recursos o pague con más impuestos territoriales porque los que recauda el Gobierno Central ya están comprometidos con el pago de la deuda externa, el gasto militar y en las exenciones a las multinacionales y monopolios privados.

En el Artículo 143, en este año en que se cumplen veinte de la Constitución de 1991 que, teóricamente prohibió los auxilios públicos a los sectores privados, graciosamente se institucionalizan las inversiones estatales en inmuebles que no sean propiedad del Estado. Para ello sólo se requiere que los afortunados propietarios privados digan que sí. Tremenda formalidad a la hora de darle a unos pocos lo que nos pertenece a todos. Eso, se llama igualdad. Y prosperidad, bueno, para unos afortunados.

Para que quede claro cuánto defienden los derechos de los colombianos, aprobaron que en los informes a los padres de familia se incluya el total de horas efectivas desarrolladas en cada una de las áreas y de ello se informe a las Secretarías de Educación en aplicativo diseñado y controlado por el Ministerio. De tal manera que pobre del profesor que se enferme, se le muera un familiar, tenga que asistir a reuniones en los colegios de sus hijos o tenga horas en esos lunes que caen festivos, porque será colocado en la picota del escarnio público, perseguido por ineficiente y obligado a trabajar como una máquina hasta que reviente. Ni que decir que este articulito, el 144, será usado para reprimir a los sindicatos. Eso es desarrollo en armonía con la defensa de los trabajadores de la que hacen gala Santos y Angelino y ante la que se inclina arrobado Julio Roberto.

La economía será ahora convertida en finanzas y en lugar de una comprensión de cómo funcionan las fuerzas productivas se ofrecerá a los estudiantes un diseño de programación neo liberal de las finanzas al servicio de las multinacionales y el capital financiero, de esas plagas que parasitan nuestra economía bajo el asentimiento gozoso de los poderosos de este país.

A los niños con necesidades educativas especiales se les amenaza con el Ministerio de Educación que es, por supuesto, mucho peor que el coco. Se definirá la política, se reglamentará esquema, las entidades oficiales a su servicio serán reorganizadas. No me cabe duda alguna de que se hará bajo la premisa de disminuir gastos y desmejorar la atención, como se ha venido haciendo en los últimos años.

También hay sentido del humor en el esperpento. Las deudas cuantiosísimas que tiene el Estado, que es mala paga con los educadores y personal administrativo de la educación, serán cubiertas con lo que sobre del Sistema General de Participaciones. Tremendo chiste. Si es que ese sistema fue diseñado para quitarle la plata a la educación y, en consecuencia, los recursos no alcanzan para pagar los salarios. Año tras año en agosto o en septiembre se agotan los rubros presupuestales. Y cuando el SGP no alcance la Nación concurrirá subsidiariamente, como quien dice, en un porcentaje que determinará el mismo Gobierno Nacional si así lo decide.

Esta es la igualdad de oportunidades para la prosperidad social del Plan Nacional de Desarrollo a los colombianos en el terreno educativo.

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