En los albores de la independencia de la Nueva Granada contra el imperio español, es sabido que el territorio presenció dos conflictos simultáneos. En un escenario se enfrentaban los independentistas contra los que querían mantener el régimen colonial. En el otro, dos fracciones patriotas libraron distintas batallas para definir la forma de organización política que debía adoptar la nación liberada.

Camilo Torres sin la visión de Nación y con el esquema colonialista promovió el federalismo que se organizó en la Confederación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada declarando la guerra al centralismo promovido por Antonio Nariño, quien se convirtió años después en el presidente del Congreso Nacional que sesionaba desde el Estado de Cundinamarca. En 1811, con el primer número del periódico La Bagatela, Nariño expresó que la unificación centralizada era trascendental para defender el carácter de la independencia, pues la nación corría el riesgo de ser reconquistada por el imperio español.

Convencido de que lo más importante era la unidad nacional, Nariño hizo acercamientos con los criollos federalistas para llegar a acuerdos. Sin embargo, no pudo evitar enfrentamientos bélicos, el último de los cuales ocurrió en el barrio San Victorino en Santafé, el nombre colonial de la actual Bogotá, que dio la victoria al centralismo. Tras pasar más de dos años en conflictos internos, los criollos firmaron un tratado de unidad para contrarrestar a las tropas del rey que aún permanecían en ciertas regiones. El acuerdo incluyó que Cundinamarca apoyaba con hombres y armas a la expedición de Simón Bolívar y enviaba además una expedición armada a Popayán. La ratificación del acuerdo, en abril de 1813, significó que quedaban atrás las diferencias y que la unidad del pueblo neogranadino por la independencia era la misión histórica que correspondía librar.

La Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, que logró independizar definitivamente la nación, fue el fruto de la unidad entre las diversas clases y capas de los criollos. Se unieron comerciantes, curas y obispos, oficiales y soldados, abogados, hombres de letras y científicos, mujeres, esclavos negros y esclavistas, campesinos e indígenas y muchos otros sectores que lucharon por construir lo que hoy se conoce como Colombia.

200 años después, los colombianos requerimos de unir nuestras fuerzas para luchar por la soberanía nacional atacada por los tratados de libre comercio. Todos los TLC, sin excepción, destruyen nuestro aparato agrícola e industrial y generan desempleo y pobreza. Las políticas lideradas por Juan Manuel Santos representan el interés voraz del gran capital privado y extranjero.

Si el presidente Juan Manuel Santos hubiera vivido hace 200 años, habría representado con toda seguridad el papel del gobernador Tacón, representante de la corona. Y así como hoy proclama con cinismo “Soy proestadounidense”, en 1815 habría dicho “Soy proespañol” y habría dado la bienvenida al Pacificador Morillo.

Pero más importante por definir es la respuesta a la pregunta: ¿cuál debe ser el papel de la sociedad colombiana hoy?

Bibliografía:

Abella Rodríguez Arturo, El florero de Llorente, Antares. Bogotá, 1960.
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/primera/santafe2.htm

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