Una correcta oposición al neoliberalismo exige atacar sus causas y no solo sus perniciosos efectos. Por ello es importante dilucidar sus orígenes, de forma que la flecha dé en el blanco. Sobre esos orígenes, hace poco se publicó el libro “La crisis del capitalismo global”, escrito por George Soros, el más famoso de los grandes especuladores financieros del mundo, quien, en un arranque de sinceridad que viene de alguien que tiene por qué saber cómo funcionan las cosas en el mundo, explicó el origen de las políticas neoliberales que les han sido impuestas a Colombia por las grandes potencias y especialmente por los Estados Unidos. Las imprecisiones y cautelas que aparecen en las afirmaciones que a continuación se reproducen son apenas comprensibles viniendo de una gran financista, pero no les quitan validez al fondo de lo que expresan. Según Soros:

«Vivimos una economía global que se caracteriza no sólo por el libre comercio de bienes y servicios sino más aún, por la libre circulación de capitales… El rasgo distintivo del sistema capitalista global es la libre circulación de capitales… Dado el decisivo papel que desempeña el capital financiero internacional en la fortuna de algunos países, no es inoportuno hablar de un sistema capitalista global».

«… El resultado es un gigantesco sistema circulatorio que toma capital en los mercados financieros y las instituciones financieras del centro y después lo bombea a la periferia directamente en forma de créditos e inversiones de cartera o indirectamente a través de corporaciones multinacionales. En tanto en cuanto el sistema financiero sea vigoroso, se impone a la mayoría de las demás influencias… Así pues, los países compiten por atraer y retener el capital, y preparar condiciones atractivas para el capital tiene prioridad sobre los objetivos sociales».
«El sistema capitalista puede compararse con un imperio cuya cobertura es más global que la de cualquier imperio anterior. Gobierna toda una civilización y, como en otros imperios, quienes están fuera de sus murallas pueden considerarse bárbaros… La mayoría de sus súbditos ni siquiera saben que están sometidos a él o, dicho de forma más correcta, reconocen que están sometidos a fuerzas impersonales y a veces negativas pero no entienden qué son esas fuerzas”.

“La analogía del imperio está justificada porque el sistema capitalista global gobierna efectivamente a quienes pertenecen a él, y no es fácil abandonarlo. Por otra parte, tiene un centro y una periferia, exactamente igual que un imperio, y el centro se beneficia a costa de la periferia. Pero lo más importante es que el sistema capitalista global exhibe algunas tendencias imperialistas. Lejos de buscar el equilibrio, está empeñado en la expansión. No puede descansar en tanto en cuanto exista algún mercado o recurso que permanezca sin incorporar. En este sentido, presenta escasas diferencias con respecto a Alejandro Magno o Atila el Huno, y sus tendencias expansionistas bien podrían dar como resultado su propio desmembramiento…”

“A diferencia del siglo XIX, cuando el imperialismo halló una expresión literal y territorial en forma de colonias, la versión actual del sistema capitalista global tiene un carácter casi totalmente no territorial o incluso extraterritorial…”

“A pesar de su naturaleza no territorial, el sistema tiene un centro y una periferia. El centro es el suministrador de capital; la periferia es la usuaria del capital. Las reglas del juego están sesgadas a favor del centro. Podría afirmarse que el centro está en Nueva York y Londres, porque ahí es donde están situados los mercados financieros internacionales…».

«Sobre los países deudores se ejerce toda clase de presiones financieras y políticas, lo que hace muy difícil que abandonen el sistema. Las presiones mantienen unido el sistema aun cuando a algunos países les resulte muy doloroso pertenecer a él… la prima por riesgo sobre la deuda externa de todos los países de la periferia sigue siendo prohibitiva».

«… el sistema capitalista global está conformado por muchos estados soberanos, cada uno de los cuales con sus propias políticas, pero todos ellos están sometidos a la competencia internacional no solo por el comercio sino por el capital».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *