Cuando el último Aureliano, estaba siendo devorado por las hormigas y Gabriel García Márquez daba punto final a “Cien años de soledad”, hizo su entrada a la inmortalidad, al rematar la que a la postre sería su obra cumbre y motivo principal de los merecidos premios y homenajes recibidos en vida de su autor.

La creación de Macondo, anunciada desde “la Hojarasca”, repetida en muchos de sus escritos, describe como un estigma la presencia de lo extranjero en figura de la compañía bananera que arrasará gentes y poblados a su paso. La “Mala hora”, con motivo de la muerte de un presunto infiel a manos del ofendido es como la entronización a la violencia convertida en cotidianidad y tragedia en nuestra sociedad, en donde las esperas luego de un “Coronel…” derrotado y angustiado se cansa de aguardar la carta que el gobierno no le escribe anunciando su pensión para evitar tener que comer lo que le anuncia a su desesperada mujer ante las escaseces del olvido gubernamental.

La reseña del autoritarismo del “…Patriarca” y su adoración por su progenitora, reflejan las preferencias por tema de Edipo confesado reiteradamente, quien con tal conservarse al frente no duda en vender hasta el mar de la patria al extranjero; expresará en admiración y denuncia por las dictaduras, que son como una caracterización de la historia política de América. En el “General…”, Bolívar en su final es imaginado magistralmente y sus preferencias por el venezolano son la disculpa para expresar su antipatía por un Santander, a quien no se para en mientes al hacerlo el padre del “leguleyismo” colombiano.

Santiago Nasar en “Crónica…”muere para lavar la afrenta de una hermana presuntamente violada, resumiendo el machismo como estigma de una cultura que se dará en muchos episodios de la gran obra del maestro desaparecido.

Florentino Ariza, con su “Amor…”ejemplarizante prototipo de lo que el afecto es capaz de producir en materia de paciencia, rescata la importancia de los anhelos otoñales llevados hasta la desesperanza pero premiados por un interminable viaje por el río de la patria. Sierva María y Cayetano el cura exorcista, relatados en “El amor y otros demonios” son el pretexto para adentrarnos en el mundo fanático de la inquisición importada desde España, superada solo por las veleidades incrédulas del médico judío, Abrenuncio, para quien la ciencia y la superchería eran superiores a la fe.

Su novela final, sobre “…putas tristes”, repite los amores seniles de un anciano, por más señas periodista, que se nutre con la juventud de la escogida y descubre nuevos enfoques del amor más allá del físico ajetreo, mostrándonos que Gabo permitió leer y deleitarse reflexivamente a una generación de habitantes del planeta, en más de treinta idiomas, que se multiplicarán millones, deleitándose con ficciones como las de ese hombre “que en un lugar de la mancha -“nos ha acompañado por varios siglos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *