Desde el pasado 27 de julio se encuentra a la venta un paquete de acciones de la Nación en el Grupo Empresarial Ecopetrol S.A., con el cual sigue la enajenación del veinte por ciento, es decir, una quinta parte de Ecopetrol autorizada por el gobierno de Uribe al sector privado. Para corroborar que el de Santos es la continuidad del anterior, con la política de “despatrimonialización”, su ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, informó que presentará el proyecto de ley que busca autorizar al Ejecutivo a vender otro diez por ciento, reduciendo la propiedad del Estado al setenta por ciento.
Entre los ejes del modelo neoliberal está la venta de las empresas del Estado, que es una forma de trasladar la riqueza acumulada por la sociedad en beneficio del sector privado. Esta política adopta diferentes figuras como: venta directa o parcial de la empresa, emisión de acciones y consecución de socios estratégicos. En todos los casos las utilidades empresariales van al sector privado, justificado con el argumento de que éste es más competitivo y transparente que el sector público. La consecuencia es que el Estado tiene menos propiedades -por lógica, se reducen sus ingresos-, recorta la inversión social y acude a crear o ampliar los impuestos.
En estos negocios no sólo sale “tumbado” el Estado, sino que también se engaña a los pequeños propietarios, especialmente trabajadores, con la denominada “democratización de acciones”, con ella los quieren hacer sentir “dueños”, cuando está demostrado que éste es uno de los medios para reforzar el poder de la oligarquía -especialmente la financiera-, como advirtió Siemens, uno de los reyes financieros e industriales más poderosos de Alemania, el 7 de junio de 1.900: “la acción de una libra esterlina es la base del imperialismo británico”; basta con que un accionista tenga el cuarenta por ciento de las acciones de una sociedad anónima, porque los pequeños accionistas están dispersos, para manejar a su antojo y especular con los precios de las acciones de las empresas. Sintetizo diciendo que la compra de acciones con el escaso capital acumulado de un trabajador puede terminar en una lamentable aventura, o sea, también “tumbados”.
El profesor de la Universidad Industrial de Santander, Oscar Vanegas Angarita, especialista en Gerencia de Hidrocarburos y director del Centro de Altos Estudios Minero-energéticos, publicó un ensayo denominado: “Reflexiones sobre Ecopetrol a propósito de la nueva venta de acciones”. Dice que “El futuro del Grupo Empresarial Ecopetrol S.A. hay que analizarlo bajo el parámetro más importante e incierto sobre el cual se valoriza verdaderamente una empresa petrolera: sus reservas probadas de hidrocarburos”. Después de estudiar la producción de Ecopetrol, llega a la conclusión que “reservas, verdaderamente nuevas, prácticamente no existen debido a la baja inversión en exploración, pues a esta actividad le destina escasos recursos. El año anterior utilizó 3,74% de lo invertido, es decir, US$258,4 millones de los US$6.900 millones invertidos en su totalidad –tenía presupuestado US$951 millones en exploración-, lo cual explica los pobres resultados en adición de reservas por nuevos descubrimientos”.
Sobre la rentabilidad advierte: “Si usted compró acciones el 27 de agosto de 2007, de contado pagó $1.330 por cada una. En 2008 recibió dividendos a $115 por acción, en 2009 obtuvo $220, en 2010 sólo $91 y este año $97. Si hoy vende la acción en $3.800, la rentabilidad es de 225% en 47 meses, o sea 58% anual. Pero si aplicamos matemáticas financieras -fechas de desembolsos de dividendos y valor del dinero en el tiempo-, la rentabilidad es del 2.8% mensual, o sea, 40% efectivo anual. Si hubiera vendido el 9 de noviembre de 2010, cuando la acción tuvo su máximo valor ($4.660), habría obtenido una rentabilidad del 3.77% mensual, o sea, 56% efectivo anual. Si la acción sigue bajando, la rentabilidad también. Si compra hoy a $3.700 y la tendencia a la baja sigue…perderá dinero”.
Los especuladores financieros, por obra y gracia de los gobiernos neoliberales, no sólo se van a quedar con Ecopetrol, sino también con el trabajo y esfuerzo de los colombianos. ¡Tumbados por punta y punta, pero somos el país más feliz del mundo!