Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, Ibagué, febrero 6 de 2005
Entre el 7 y el 11 de febrero se llevará cabo en Cartagena una negociación trascendental para el sector agropecuario colombiano dentro de las que se realizan en el Tratado de Libre Comercio de Colombia con Estados Unidos. Esta ronda definitiva se realizará, entre otras, en medio de los avisos de una nueva “inundación” de arroz importado de Venezuela por contrabando sobre el mercado colombiano, de las denuncias acerca del ingreso de varios miles de toneladas de azúcar deteriorado, de las amenazas de expulsión de sus tierras a indígenas y campesinos, causada por el adelanto de planes energéticos y viales o por proyectos como la llamada Ley de Páramos, de las justas quejas de los algodoneros que se resisten a sembrar ante el bajo precio de la fibra fijado por el Gobierno para los productores del interior, a 3.800.000 pesos la tonelada, de la posición dominante incontrolada de las transnacionales que venden los agroquímicos, como lo manifestó el propio Ministro Arias en El Espinal, del acoso a los paneleros por la absurda reglamentación para la elaboración de su producto decretada para cumplir normas de la Organización Mundial del Comercio ( OMC) y de una cosecha cafetera anual que en 2004 pese a los altos precios internacionales no compensó en mayor grado las bajas en la producción.
Como si esto fuera poco, las señales emitidas previamente a las conversaciones de Cartagena permiten advertir que lo que se pactará será la destrucción del campo colombiano al eliminar el mecanismo de protección para la producción nacional de las franjas de precios, reemplazándolo por salvaguardias especiales. No puede catalogarse de otra forma un acuerdo en el cual Colombia ya renunció a la principal protección de su agricultura, un mecanismo transitorio mientras los impuestos aduaneros o aranceles llegan a cero, que admite desde el propio comienzo lotes de importación de géneros estadounidenses sin aranceles para los pocos productos definidos como “sensibles” y que ha demostrado ser una burla en otros tratados, como México y Centroamérica. Entre tanto, Estados Unidos no renuncia a sus multimillonarios subsidios que le permitirán traer sus artículos agropecuarios a precios por debajo del costo de producción y, a la vez, se muestra reticente a permitir el ingreso de los productos colombianos a su mercado. Tan grave es lo que se firmará que el ambiguo ministro Cano se retiró del cargo ante la hecatombe que se viene.
Tan inicuo trato, igual a los que los imperios firman con sus colonias, debe ser rechazado con la mayor energía por los millones de campesinos pequeños y medianos y empresarios rurales que van a ser sacrificados y por la nación colombiana la cual así perderá su soberanía alimentaria. En consecuencia, la ASOCIACIÓN NACIONAL POR LA SALVACIÓN AGROPECUARIA ha orientado a sus afiliados a participar en los actos que por el territorio nacional se realizarán el 10 de febrero contra el TLC, movilizando especialmente delegaciones de caficultores a Manizales, de arroceros a Ibagué, de los agricultores de la Costa Atlántica a Cartagena y de campesinos e indígenas a Popayán como preámbulo a las consultas, que en 5 municipios del Cauca se celebrarán el 6 de marzo como antecedente democrático, que preguntarán a todos los ciudadanos sobre la firma del TLC. Estas expresiones están en la tónica de elevar la Resistencia Civil ante la perentoria destrucción del agro que se acordará en Cartagena.
ÁNGEL MARÍA CABALLERO L.
Presidente
AURELIOSUÁREZ M.
Director Ejecutivo