El agudo silbido de los grillos en la noche calurosa genera el ambiente propicio para que los espíritus se liberen de las cargas emocionales represadas, así le aconteció a Mary Liz, que a sus setenta y dos años aún debe aventurarse en las calles con la mercancía para ganarse el pan diario. Con rasgos finos y una piel cobriza, tostada por el sol, porque brillaba como la Luna de lo blanca en su infancia nos dice, hace una pausa porque ya no puede conversar de corrido como en el pasado y evoca sus días de venta en el puesto de la galería central: me la ganaba honradamente y me permitía vivir con holgura, pues la clientela que conseguí en los treinta años que manejé el punto en la parte baja, al costado oriental de espaldas a un almacén de calzado que daba a la calle, cada semana acudía a llevar su remesa de verduras frescas, que siempre les tenía bien dispuesta en canastillas y un mesón que conformaban la venta, recuerda ahora con una tímida lagrima asomando en su ojo izquierdo. De pronto esa figura un tanto apagada y disminuida por los golpes de la vida, con una fuerza que uno no puede explicarse de donde sale, vocifera: y saber que yo ayudé a elegir a quienes nos condenaron, esos malditos que no les importó la suerte de cientos de familias, solo veían la oportunidad de sus negocios.
Mary Liz se refiere a la absurda decisión de un Alcalde acolitado por la mayoría del Concejo Municipal de demoler las galerías del Centro y Norte de Neiva, para trasladar la venta al pormenor de alimentos perecederos a un rincón de la ciudad a donde se suponía todos los habitantes deberían acudir a mercar; dicha medida se avaló con argumentos de salubridad y modernidad, que si bien podían tener validez, no justificaban la manera brutal como se adelantó, sin concertar previamente con los afectados la manera de atenuar el impacto de tamaña disposición, procurando la continuidad de su actividad, la preservación de su clientela y la conveniencia de los usuarios. La atormentada relatora cuenta que después del desalojo y la frustración de no vender nada en Mercaneiva, el pomposo nombre que le pusieron al galpón a medio construir a donde forzosamente los trasladaron obligándolos a comprar a precios desorbitantes unos cubículos de porquería, se vio deambulando en las calles y en el parque principal vendiendo chancletas para ganarse la vida; luego otro gobernante de esos a quien le delegó su confianza con el voto, con un piquete de policías la sacaron junto a sus compañeros de venta informal y luego de muchas refriegas los ubicaron en la llamada plaza cívica, ahora acordonada por unas vallas policiales que solo permiten el paso de las moscas y los zancudos en el espacio público. Ahora está aguantando hambre porque no hay un lugar donde vender su mercancía.
Esta es solo una de las innumerables tragedias que viven cientos de compatriotas por las decisiones políticas de sus gobernantes locales, que desde el comienzo de la era neoliberal se dedicaron a enriquecerse con los bienes públicos, pero ahora serán millones los que sufran las consecuencias de feriar al país con el TLC firmado con los gringos y con los Europeos, que destruirán el trabajo, el medio ambiente y la vida, para beneficio de las grandes compañías multinacionales y sus acólitos en Colombia; el próximo 30 de octubre no podemos volver a cometer el error de Mary Liz, de elegir a sus propios verdugos, debemos votar por los candidatos de una nueva oportunidad que representa el Polo Democrático Alternativo.