El 26 de septiembre culminó la elección de miembros de comités municipales y departamentales de la Federación de Cafeteros -también delegados al Congreso Cafetero-, con vigencia por cuatro años. Como siempre, los voceros oficiales las calificaron como “gran evento democrático”.
Desde cuando se aplicó el voto directo para eligir estos dignatarios, la burocracia institucional se dio la maña para retorcer el mandato legal a fin de prorrogarse. Dividieron los departamentos en arregladas circunscripciones, que garantizan el triunfo del continuismo con solamente un voto por encima de eventuales rivales en cada una de ellas. Así los caficultores sólo sufragan por la respectiva zona, el voto no tiene cobertura departamental, se burla la ley del cuociente y a las minorías. En Antioquia, por ejemplo, “11 de los 12 aspirantes a integrar el Comité Departamental -principales y suplentes- están reelegidos sin hacer la votación, dado que sólo se inscribió una lista por cada una de las seis circunscripciones”. (El Colombiano, 24 de septiembre).
Mientras las autoridades cafeteras presentan el uso del celular para votar como “avance de las TIC en el campo”, este método recibió serios cuestionamientos desde diversos departamentos. En Risaralda, candidatos al comité departamental y de distintos municipios, advirtieron con anticipación sobre su “fragilidad”. Anticiparon que “basta conocer la cédula del caficultor y cualquiera desde un celular lo puede inscribir y votar por él”. Gonzaga Cadavid, candidato caldense, denunció al respecto, luego de los comicios, el “debilitamiento de la autonomía democrática del sector cafetero”. Roger Ospina, aspirante por el Norte del Valle, impugnó las elecciones demostrando que este procedimiento no era “seguro ni confiable”, que no garantizaba el ejercicio del derecho “secreto, personal y voluntario” y ni siquiera admitía la opción del voto en blanco. En Antioquia este mecanismo fue catalogado como “herramienta de los corruptos y en vía que facilita la coacción electoral”.
Abundan las denuncias, con nombres propios, de funcionarios que activaron votos desde celulares de caficultores, en unas partes se contrató personal adicional para realizar tales funciones y a la vez quienes votaban por dicha vía eran estimulados con rifas de atractivos premios, incentivos que no se entregaron a quienes lo hicieron presencialmente. Además de todo, políticos de vertientes oficiales se abalanzaron sobre los electores para influir en sus decisiones como lo hizo en Caldas el exministro Oscar Iván Zuluaga en una reunión ocho días antes de las elecciones.
A este certamen, aunque se intenta manipular las cifras, concurrieron 210 mil caficultores, el 40% de un total de 550 mil, otro agravante que pone en entredicho su pleno carácter representativo. Falta ver qué dirá la justicia cuando las impugnaciones ante tanto disparate exijan que las elecciones cafeteras sí deban cumplir con los principios constitucionales democráticos.