Las cada vez más sonoras protestas del mototaxismo, a lo largo y ancho del país, son una prueba palmaria de los efectos de la quiebra del sector productivo nacional, el consiguiente aumento del desempleo y la ausencia de una real política social, en el reino de los gobiernos neoliberales.
Florencia, capital del Caquetá, vive la dramática encrucijada de la guerra del centavo, lo que está llevando a la ruina al transporte tipo taxi y de bus urbano. En su desespero, el transporte formal ya hizo un paro y ha anunciado otro, si la administración municipal no adopta las medidas policivas necesarias para hacer que el mototaxismo desaparezca de la circulación vehicular de la ciudad. El pueblo se enfrenta por el derecho al pan al ser conducido a la ruina por las decisiones oficiales que solo favorecen al gran capital y la plutocracia parásita.
Prolifera el mototaxismo y el gobierno se limita solo a reprimirlo como si este desapareciera por encanto con la sola aplicación de la ley. Se niega a mirarlo como un problema social y que como tal requiere soluciones que resuelvan el drama humano de estos compatriotas.
Afirmar que en Florencia hay cinco mil motos que se dedican al mototaxismo solo sirve para declarar la incapacidad para buscarle solución a esta problemática; este dato contrasta con el número de afiliados de la Asociación de Moto-trabajadores de Florencia que los agrupa: 200 en moto y 50 en motocarros, y se puede afirmar que a esta Asociación pertenece el sector más activo y representativo del mototaxismo de la ciudad.
Una encuesta realizada y sistematizada por Andrés Eduardo Baquero y Leidi Johanna Murcia, estudiantes de la Universidad de la Amazonia, a 100 afiliados de la Asociación referida, mostró que el núcleo familiar de cada uno de ellos está entre 5 y 7 personas a mantener; el 79% no tiene vivienda; de ellos el 53% son desplazados por la violencia rural y desean, si hay apoyo, regresar a las labores rurales: el 60% acepta un programa de parcelas integrales, el 19 % a hacer microempresa, 13% está por una empresa cooperativa de producción y comercialización de agua, otros el 8%. En su mayoría son personas cabezas de hogar entre 20 y 36 años de edad que expresan su deseo de mejorar su nivel de escolaridad y capacitación laboral lo que los hace aptos para un programa de vinculación productiva que sea más promisorio que la vida del rebusque en el mototaxismo.
Unámonos todos los florencianos para que haya una política gubernamental y una administración municipal comprometida, que pugne por ofrecerles alternativas productivas viables.