Libardo Gómez Sánchez, Neiva, diciembre 12 de 2016

En reciente entrevista al comandante de las Farc Rodrigo Londoño expresó su decisión de participar en lo que denominó “un gobierno de transición” que en su criterio proteja el espíritu de los acuerdos firmados con el gobierno de Santos. Lo que resume esta idea es la de participar electoralmente respaldando un candidato presidencial que salga de las toldas de la Unidad Nacional y si esta se fracciona un representante del Santismo, que muchos dan por descontado sea el negociador Humberto de la Calle, quien deberá cumplir el papel de facilitar el aterrizaje de los alzados en armas a la vida civil con las garantías políticas y judiciales consignadas en los acuerdos de la Habana, es decir que no se presenten mayores sobresaltos y se desconozcan los términos de la negociación.

Inevitable que surja este temor por parte de quienes dejan las armas luego de más de cincuenta años de emplearlas con resultados fatídicos y que en el camino dejó dolor y resentimientos; su preocupación sin embargo los encamina a ver por su propio interés y no por el de la mayoría de los colombianos, pues un gobierno de las características que proponen significaría al menos otro cuatrienio gobernados con las políticas neoliberales que tanto han perjudicado al país, implicaría sostener el absurdo sistema de salud que mata más colombianos que el propio conflicto, mantendría la perversa política minero energética que daña el medio ambiente y pretende sustituir el desarrollo por la vía cierta de fortalecer la industria y el agro arruinados con las importaciones masivas que facilita el Libre Comercio enquistado en nuestro ordenamiento con los tratados internacionales firmados con los Estados Unidos y la Unión Europea, entrañaría proseguir con las privatizaciones que despojan el patrimonio nacional, en fin aseguraría la continuidad del empobrecimiento y la ruina de los colombianos.

Así el gobierno de transición no es para instaurar el comunismo como ladinamente asegura el uribismo; pero en el propósito de más de lo mismo el premiado Nobel de la Paz ha intervenido de manera descarada en las filas de la oposición cooptando a dirigentes como Clara López con lo que busca atravesarse en la legítima aspiración del Polo Democrático de presentarle al país un candidato que respalde el proceso de paz, pero que defienda un programa que en rute a la Nación por el camino de la equidad y el progreso distinto al que han usado para gobernar la Unidad Nacional y el Centro Democrático.

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