Lo leía y no lo creía. El señor Rafael Mejía, Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, gobiernista de todas las horas, discrepaba –así fuera tímidamente–, de la posición oficial del gobierno Santos de continuar profundizando la apertura neoliberal con la propuesta de reducir, aún más, los aranceles a productos importados –incluyendo productos sensibles para el agro colombiano–, con la supina disculpa de combatir la revaluación.

Así se expresaba el señor Mejía en la edición del periódico Portafolio del pasado lunes 27 de septiembre frente al argumento del editorialista de ese diario de “…que es fundamental eliminar ‘el proteccionismo que ha hecho que sea más rentable para un productor buscar ayuda estatal que explorar mercados externos’”. Mejía dice que “Ciertos argumentos de sustento de la nota, resultaron viejos conocidos, emanados de estudios en los que las fórmulas abundan y serían válidas, si la realidad no fuera distinta a los postulados bajo los que Colombia es la única protectora, y la agricultura internacional crece sin distorsiones y protección.” Afirma que esa es “una cara de la moneda”. La “otra cara de la moneda” es que “La protección que se endilga a la agricultura colombiana se da a diario a nivel internacional” (…) “Esta dista mucho de ser única, pues en el mundo cercano y lejano existe, y de gran magnitud.” A continuación el señor Mejía hace el análisis comparativo de aranceles a la importación de productos agrícolas de Colombia frente a 5 países latinoamericanos, los más aperturistas, y a 5 países desarrollados, adalides del libre comercio. Se aprecia con claridad que los niveles de protección arancelaria y medidas de franjas de precios (mecanismo abandonado por Colombia), restringen la entrada de productos agrícolas fundamentales para esos países. Señala como en aranceles hay países como México y Costa Rica con protección a la leche de 87% y 49%, respectivamente, o como Chile que mantiene franjas de precios en azúcar, trigo y harinas de trigo. O países desarrollados con aranceles del 498% para la soya y del 711% para el arroz. (¡!)

Después de analizar el fracaso de las negociaciones en la Organización Mundial de Comercio por la actitud proteccionista de los países desarrollados en el sector agrícola, el señor Mejía dice que “Es importante enfatizar dos cosas: que la protección no es mala per se , y para juzgarla, objetivamente, es necesario tener el panorama completo; la segunda es que, para quienes piensan que abaratar importaciones tiene gran contenido social, hay que decirles que no deben olvidar que lo importante no es solo el precio, sino la capacidad adquisitiva de la población de bienes baratos o caros, y que si se destruye el aparato productivo generador de empleo no calificado, como es la agricultura, las clases menos favorecidas no contarán con el debido ingreso para comprar.” (¡!)

Finaliza el señor Mejía diciendo que “…hay que señalar que el objetivo común es diversificar la producción hacia nuevos mercados, eso es innegable, pero en este caso la respuesta no puede ser tan simplista como a veces se propone, en el sentido de cambiar productos transables tradicionales por nuevas producciones como aguacate, moras o frutas.”

Definitivamente le ha surgido un inesperado compañero de lucha al senador Robledo en la defensa de la producción y el trabajo nacional. ¡Bienvenido señor Mejía!

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